Sábado 23 de Septiembre de 2017
Una agenda
con toda la música


Sábado 23
Domingo 24
Lunes 25

Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“Don Carlo” de Giuseppe Verdi : Extragrande
El Teatro Colón presenta esta ópera a partir del domingo 20 de septiembre, con dirección de Ira Levin y puesta de Eugenio Zanetti. Aquí una mirada sobre cómo fue concebida esta obra que abre la puerta a la madurez plena del compositor. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Comienzo de la escena del Auto de Fe de Don Carlo, producción de Willy Decker,
Ópera Nacional de Holanda, Ámsterdam, 2012

En la década de 1860, Giuseppe Verdi, a sus cincuenta años, era un compositor consumado, con varios éxitos en su producción y con una posición económica que lo hacía vivir sin problemas en su finca de Sant’Agata. Ya habían pasado sus “años de galera”, período de hiperactividad compositiva en el cual en diez años escribió nada menos que catorce óperas por encargo: desde el fenómeno de Nabucco (1842), que lo posicionaría como uno de los compositores peninsulares a tener en cuenta, hasta llegar a los estrenos consecutivos de Rigoletto (1851), Il trovatore (1853) y La traviata (1853), que finalmente lo consagrarían como “el” compositor italiano de su época. La popularidad de estos títulos, además de sus méritos artísticos, le otorgaría la libertad de elegir y elaborar sus proyectos futuros con el tiempo y cuidado que necesitara, recibiendo encargos de diferentes partes de Europa: de París (Les vêpres siciliennes, 1855) a San Petersburgo (primera versión de La forza del destino, 1862), de Venecia (la primera versión sin éxito de Simon Boccanegra, 1857) a Roma (Un ballo in maschera, 1859).

Luego de estas producciones, se rumoreaba que estaba en plan de retirarse para dedicarse a las labores campesinas en Sant’Agata. No dando crédito a ese rumor, desde 1864, el director de la Opéra de París, Emile Perrin, comenzó a enviarle cartas proponiéndole temas para un proyecto futuro en conjunto. Verdi, que con sarcasmo llamaba al principal teatro francés como la grande boutique tras sus experiencias parisinas, le contestaba que no compondría una ópera sin un buen libreto, más teniendo en cuenta la fallida colaboración que había tenido con el factótum dramatúrgico de la Opéra, Eugène Scribe, en Les vêpres siciliennes. Finalmente llegaron a un acuerdo cuando eligieron el drama teatral Don Carlos (1788) de Friedrich Schiller como base de una grand-opéra a ser estrenada en coincidencia con la Exposición Universal de 1867.

Don Carlos era una obra que Verdi conocía muy bien en su traducción italiana y por su tema parecía ser la más indicada para el compositor: sobre un drama doméstico —la relación de Carlos e Isabel de Valois, esposa de su padre Felipe II— se erige un inquietante drama político —la búsqueda de la libertad de los pueblos oprimidos encarnado en el mensaje del Marqués Rodrigo de Posa y la lucha del poder estatal (Felipe II) y el eclesiástico (Gran Inquisidor). Ni bien se le acercó en julio de 1865 un esbozo de su traslación lírica, pensado por los libretistas Joseph Méry y Camille du Locle, el compositor ya exigió algunas incorporaciones del drama original, como los significativos diálogos de Felipe II, uno con el Inquisidor y otro con el Marqués de Posa.

Corsé francés

Ildar Abdrazakov (Felipe II) y Svetlana Kasyan (Isabel) en el centro de la escena del Auto de Fe
de Don Carlo, producción Hugo de Ana, Teatro Regio di Torino, 2013 / Fotografía de Ramella&Giannese

El encargo de la Opéra de París conllevaba la aceptación por parte de Verdi no sólo a someterse a las convenciones dramatúrgicas de la grand-opéra, el género característico de ese escenario, sino también  las limitaciones de la propia institución y los hábitos particulares de su público. Esas reglas tácitas se fueron forjando desde las iniciales La muette de Portici (1828) de Daniel François Auber y Guillaume Tell (1829) de Gioacchino Rossini, pero por sobre todo se fueron estableciendo con las creaciones de Giacomo Meyerbeer con ScribeRobert le diable (1831), Les Huguenots (1836) y Le prophète (1849).

La idea establecida era que la grand-opéra poseyera una acción espectacular, generalmente de carácter histórico, que incluyera las pasiones humanas individuales. Se debía desarrollar a lo largo de cinco actos, con números “obligados” que, como señala el compositor y crítico francés Gérard Condé, el público esperaba para aplaudir, ya sea una “maldición”, una “plegaria”, un “cortejo”, un “dúo de amor”, un “brindis”, un “coro de soldados”, un “gran aria con variaciones”, un “dúo femenino” o un “trío masculino”. También era preciso disponer un “ballet” en el tercer acto, momento preciso cuando ingresaban a la sala los miembros del Jockey Club para admirar a sus protegidas del cuerpo de baile.

Cada acto tenía que ofrecer un vestuario y una escenografía diferente para engalanar el amplio escenario que era operado por sesenta maquinistas. Se contaba con un numeroso elenco de primeras figuras, una orquesta de más de ochenta músicos, un coro de dimensiones similares y alrededor de ochenta figurantes. Otra de las reglas tácitas e ineludibles para su representación era su duración: la función debía comenzar a las siete de la tarde y finalizar antes de la medianoche, sino los patronos que vivían en los suburbios no podían alcanzar el último tren que partía de París.

Jonas Kaufmann (Don Carlos) y Anja Harteros (Isabel) en el primer acto de Don Carlo,
producción de Nicholas Hynter, Royal Opera House, 2013 / Fotografía de Catherine Ashmore

Verdi compuso Don Carlos —lo escribo con la “s” final, porque fue concebida para ser cantada en francés— teniendo en cuenta todos estos condimentos: otra de las primeras demandas a sus libretistas fue la de crear una escena de alto impacto visual y musical, concibiendo así el “Auto de fe”, esa manifestación pública de la Inquisición española, con el cual concluye el tercer acto. Creó una partitura para once cantantes solistas, siete de los cuales tienen participaciones protagónicas dentro de la trama, en particular en las voces graves masculinas: tres bajos (el Rey Felipe II, el Gran Inquisidor y un Monje), un barítono (Rodrigo, Marqués de Posa), un tenor (Don Carlos), una soprano (la Reina Isabel de Valois) y una mezzosoprano (la Princesa Éboli). Completan el elenco dos sopranos (el paje Thibault y una voz del cielo), un tenor (el Conde de Lerma) y un barítono (un heraldo).

Dramaturgia verdiana en progreso

Don Carlos es tal vez la ópera más compleja de Verdi para interpretarse, no sólo por sus requerimientos artísticos, sino también por las diferentes versiones con las que se cuenta. Se pueden identificar dos versiones básicas, cada una con diversas variantes: la del estreno, en cinco actos,  estrenada el 11 de marzo de 1867 en París, y la de la revisión para la Scala de Milán, en cuatro actos y cantada en traducción italiana —ahora sí, Don Carlo—, que subió a escena el 10 de enero de 1884. En esta versión, que es la que más se representa actualmente y es la manera en que el Teatro Colón la ofrecerá durante esta temporada, el compositor eliminó todo el primer acto francés —insertando el aria de Carlos en la siguiente escena—, volvió a componer partes de los dúos de Rodrigo con Carlos y con Felipe II —este cambio es fundamental—, reemplazó la escena inicial del tercer acto por un preludio orquestal, eliminó el ballet, condensó el cuarteto del cuarto acto y abrevió las escenas finales de los dos últimos actos.

De esta manera, el compositor le imprime su sello particular al formato de la grand-opéra, capitalizando todos los logros dramatúrgicos obtenidos en sus últimas producciones italianas. Para las escenas solistas, hace uso de todas las variantes que estaban a su alcance con fines dramáticos, desde las más convencionales a complejos monólogos como la “escena y cantabile” de Felipe II que inicia el tercer acto, “Ella giammai m’amo”. Aquí, Verdi muestra un preciso examen psicológico del personaje a través de la construcción del soliloquio que sigue los pensamientos y sentimientos que tiene en ese determinado momento de la trama —la decepción que le causa su mujer, las sospechas obsesivas, la melancolía por lo perdido y la dignidad ante la muerte—, sucediendo breves secciones que van del canto pleno, recitativo o parlato a mezza voce, pero que encuentran una extraordinaria cohesión en la superposición de pequeños motivos recurrentes a cargo de la orquesta.

Ramón Vargas (Don Carlos) y George Petean (Rodrigo) en el primer acto de Don Carlo,
producción de Jürgen Rose, Bayerische Staatsoper de Munich / Fotografía de Wilfried Hösl

Siguiendo esta línea, es en las escenas de conjunto donde Verdi mayormente puede dar rienda suelta a su creatividad. Hay momentos tradicionales, como el dúo entre Carlos y Rodrigo —en el cual en su melodía final se expresa, al decir de Massimo Mila, su “amistad heroica”—, pero hay otros donde se libera de las estructuras e impone su ritmo dramático particular. Son el dúo entre Felipe II y Rodrigo del segundo acto, y el diálogo entre Felipe II y el Gran Inquisidor del tercero: en ellos hay un libre fluir de palabras, sin una estructura tradicional establecida y acompañado por una sonora orquestación que remarca las tensiones dramáticas entre los personajes. Don Carlo resulta ser una síntesis perfecta entre ese género francés esquemático con las geniales ideas dramático-musicales del italiano, abriendo así una etapa de plena madurez en la creatividad de Giuseppe Verdi.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Septiembre 2015

Este artículo se publicó originalmente en la revista Cantabile N° 80, septiembre-octubre 2015.

Para agendar
El Teatro Colón ofrecerá seis funciones de Don Carlo de Verdi a partir del domingo 20 de septiembre a las 17.00. Con dirección musical de Ira Levin, esta nueva producción escénica marca el debut del cineasta y escenógrafo argentino Eugenio Zanetti —ganador de un Oscar de la Academia de Hollywood por Restauración— como director de escena operístico, y quien también realizará la escenografía y el vestuario. El domingo 20, miércoles 23, sábado 26 y martes 29 de septiembre el elenco estará encabezado por José Bros (Don Carlos), Tamar Iveri (Isabel), Béatrice Uria Monzon (Éboli), Fabián Veloz (Rodrigo), Alexander Vinogradov (Felipe II), Alexei Tanovitski (El Gran Inquisidor), en tanto que el martes 22 y el domingo 27 habrá un elenco alternativo integrado por Gustavo López Manzitti (Don Carlos), Haydée Dabusti (Isabel), María Luján Mirabelli (Éboli), Alejandro Meerapfel (Rodrigo), Lucas Debevec Mayer (Felipe II) y Emiliano Bulacios (El Gran Inquisidor). Participarán el Coro y la Orquesta Estables del Teatro Colón. Las localidades se encuentran a la venta en la boletería del teatro (Tucumán 1171) o a través de www.teatrocolon.org.ar. Entradas desde $105.

Seguinos en www.twitter.com/TdMargentina y www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
__________
 
Espacio de Opinión y Debate
¿Qué te pareció este artículo? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook o nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 19/09/2015
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados