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Daniel Barenboim y la Orquesta West-Eastern Divan en el Teatro Colón : Recorrido particular
El director argentino-israelí propuso para sus conciertos para el Mozarteum Argentino un viaje particular, excelentemente interpretado, desde la complejidad de Pierre Boulez a la mesura clásica de Mozart. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Los miembros de la Orquesta West-Eastern Divan, dirigidos por Daniel Barenboim,
en Dérive 2 de Pierre Boulez, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2015

ORQUESTA WEST-EASTERN DIVAN. Dirección: Daniel Barenboim. Solista: Cristina Gómez Godoy, oboe. Concierto del lunes 3 de agosto de 2015 en el Teatro Colón, organizado por el Mozarteum Argentino. Boulez: Dérive 2, para once instrumentos. Mozart: Concierto para oboe y orquesta en Do mayor, K. 314 / Serenata N° 13 para cuerdas en Sol mayor, K. 525, “Pequeña música nocturna”.

En el medio del Festival de Música y Reflexión 2015 del Teatro Colón, el Mozarteum Argentino ofreció dos conciertos de abono con la participación de la Orquesta West-Eastern Divan dirigida por Daniel Barenboim. Estas actuaciones renuevan esa relación de larga data que tiene el músico argentino-israelí con la más prestigiosa y duradera de las entidades musicales privadas de nuestro país: imposible olvidar sus interpretaciones de las Variaciones Goldberg (1989, en coincidencia con sus 40 años del debut en el Teatro Colón) y El clave bien temperado (2004) de Bach, la integral de las Sonatas para piano de Beethoven (2002), más sus actuaciones dirigiendo a la Staatskapelle Berlin (1995, 2008), la Orquesta Sinfónica de Chicago (2000) y la West-Eastern Divan (2005, 2010 y 2014), con la cual interpretó la integral de Sinfonías de Beethoven.

Fue en 2010 cuando para los tradicionales Conciertos del Mediodía —un ciclo de conciertos gratuitos de una hora, organizados también por el Mozarteum con excelentes intérpretes en el Teatro Gran RexBarenboim decidió abordar dos obras de Pierre Boulez: Dérive 1 para seis instrumentistas y Dérive 2 para once instrumentistas, con los miembros de la West-Eastern Divan. Fue un concierto que estuvo repleto de público y fue verdaderamente didáctico, con explicaciones del propio director y ejemplos de los músicos, acercando la complejidad de la estética del creador francés a un variado auditorio. Para esta temporada, en homenaje a los 90 años de Boulez, el director decidió volver a interpretar Dérive 2 esta vez en el Teatro Colón y para el público abonado.

El compositor, principal figura de la vanguardia musical de la segunda mitad del siglo XX, combativo y admirado, se caracteriza por un lenguaje complejo, y que en principio levantó la bandera del Serialismo Integral —un paso más allá de la técnica dodecafónica de composición, en donde todos los parámetros son controlados— como insignia de su producción. Una de sus características es trabajar sus obras como un work-in-progress, y ese es el caso de Dérive 2 que ha escrito, desarrollada de Dérive 1, desde 1988 a 2006. Si bien la obra que se estrenó en 2002 en el Festival de Lucerna tenía una duración de veinticinco minutos, hoy dura el doble, resultando que su interpretación sea tan compleja como su audición.

Daniel Barenboim, dirigiendo a la Orquesta West-Eastern Divan,
Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2015

La primera impresión durante el comienzo es la de una masa sonora en movimiento continuo, donde las líneas de cada instrumento se mueven de manera independiente y en perpetua ramificación. Después de un rato, uno comienza a escuchar sutilezas en la escritura y en la interpretación: cómo ciertos grupos de instrumentos se oponen a otros en sus diferentes figuraciones —el punteo del vibráfono, la marimba, el piano y arpa contra la constante actividad, por ejemplo—, cómo se asocian ciertos instrumentos para generar brillantez instrumental. Mayormente hay un puntillismo en esas figuraciones al estilo Anton Webern, demandando una permanente concentración de los once instrumentistas, comandados por Barenboim. Al llegar al crescendo final del tutti uno tiene la impresión de haber estado en medio de un torbellino musical, bien organizado y con momentos de extrema belleza —en el centro de la obra, por ejemplo, hay una sección lírica que comienza con solo de clarinete que luego pasa al violín, sobre la marimba y el vibráfono—. Por exigir en el oyente una permanente atención y por la atenta interpretación ofrecida, escuchar en vivo Dérive 2 fue una experiencia única, difícil de olvidar.

Como ya dijimos en otro artículo, el concepto de programación en los conciertos de Daniel Barenboim siempre está muy bien pensado. Si en 2010 el director había indicado que Dérive 2 evocaba la estructura clásica, por tal motivo, creemos, que la segunda parte del programa estuvo dedicada a Wolfgang Amadeus Mozart. En primer lugar se escuchó el Concierto para oboe y orquesta, K. 314  (1777) con la participación solista de la española Cristina Gómez Godoy de veinticinco años, y que desde 2013 es solista de la Staatskapelle Berlin. Su interpretación fue excelente, con un sonido bello, noble, que puede alcanzar las variedades dinámicas más extremas o llegar al registro agudo sin perder temple ni identidad. Junto a ella, la Orquesta West-Eastern Divan reducida, con la ajustada dirección de Barenboim, sonó bien ensamblada y sutil. El virtuosismo de Gómez Godoy salió a relucir aún más en el último movimiento, el “Rondó: Allegretto”, donde nuevamente la ligereza y delicadeza con la cual tocó su instrumento fue un placer para los oídos.

Ante el aplauso sostenido, la solista ofreció un bis particular: en lugar de una obra para su instrumento solo, realizó un dúo con el acompañamiento de Barenboim al piano. La Romanza N° 1 para oboe y piano, Op. 94 de Robert Schumann sirvió nuevamente para escuchar el hermoso sonido de Gómez Godoy, entrelazándose muy bien con el piano de Barenboim, con bellos arabescos hacia el final y en un tono melancólico justo.

Daniel Barenboim y Cristina Gómez Godoy, interpretando Schumann, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2015

La elección de la célebre Serenata N° 13 para cuerdas, K. 525, “Pequeña música nocturna” para cerrar este concierto —en lugar de una sinfonía del mismo compositor, por ejemplo— fue un tanto desconcertante, no por lo pulcro de su interpretación sino por contrastar con la extrema complejidad con la cual había comenzado el recorrido del programa con Boulez. Tal vez la entrada del “Romanze” sonó un poco destemplada o la frase inicial del “Menuetto” un tanto gruesa, pero globalmente, al buen ensamble ya escuchado en la anterior obra mozartiana, se le sumó una elección de tempi ligeros que le quedan bien al tono de esta serenata. Aunque hubo muchos aplausos, Daniel Barenboim y las cuerdas de la Orquesta West-Eastern Divan no ofrecieron ninguna obra extra al programa, cerrando así un recorrido tan personal como particular en este concierto brindado por el Mozarteum Argentino.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Septiembre 2015

Imágenes gentileza Mozarteum Argentino / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 14/09/2015
     
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