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“Il turco in Italia” en Santiago de Chile : Postal rossiniana
Con un memorable montaje de Emilio Sagi, el Teatro Municipal revisitó esta ópera bufa de Gioacchino Rossini. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Chile)
 

Escena final de Il turco in Italia, Teatro Municipal de Santiago, 2015

IL TURCO IN ITALIA, dramma buffo en dos actos de Gioacchino Rossini. Función del sábado 22 de agosto de 2015 en el Teatro Municipal, Santiago de Chile. Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección escénica: Emilio Sagi. Escenografía: Daniel Bianco. Vestuario: Pepa Ojanguren. Iluminación: Eduardo Brado. Reparto: Pietro Spagnoli (Selim), Keri Alkema (doña Fiorilla), Alessandro Corbelli (don Geronio), Luciano Botelho (don Narciso), ZhengZhong Zhou (Prosdócimo), Daniela Ezquerra (Zaida), Francisco Huerta (Albazar). Coro del Teatro Municipal, director: Jorge Klastornick. Orquesta Filarmónica de Santiago.

La línea que separa lo trágico de lo cómico es tenue. La infidelidad conyugal, las minorías representadas con estereotipos, y la violencia gratuita son todas situaciones no necesariamente trágicas, pero sí que demandan ser tomadas en serio. Que esto sea cierto en determinados contextos, por ejemplo en el de la discusión racional orientada a decisiones prácticas, no impide que podamos reaccionar emocionalmente de diferente manera en otros contextos. La ópera bufa se ocupó precisamente de esos y otros temas, y lo hizo mediante la caricatura, la farsa y la exageración. Llenas de chicas pícaras, viejos verdes y extranjeros oportunistas, la ópera bufa puede fácilmente ser desacreditada como un ejercicio del más burdo de los cinismos.

El tema de Il turco in Italia es en principio el constante martirio de un marido viejo a manos de su promiscua mujer. Gatillada por la llegada de un extranjero, la trama pasa a incorporar el contraste de culturas, la italiana y la turca. Como una comedia de costumbres, Il turco no es precisamente halagador con ninguna de ellas. Lo que la distingue del resto del género es la figura de “El Poeta”, un personaje que busca inspiración para una obra y que pretende obtenerla de los eventos que se desarrollan en la ópera para producir, es de presumir, el mismo resultado. El Poeta no es Rossini. El poeta es un artífice al interior de la creación, algo de suyo paradójico. Esta suerte de meta-teatro es quizá su elemento más novedoso.

Emilio Sagi ha firmado elegantes y pulcras puestas en escena para el Teatro Municipal. Este Turco ha de ser uno de sus trabajos mejor ejecutados. Con una escenografía única para los dos actos, Daniel Bianco montó una verdadera postal napolitana sobre el escenario, iluminada bellamente por Eduardo Brado y coloridamente complementada por el vestuario kitsch de Pepa Ojanguren. En suma, un fragmento de vida cívica popular, donde siempre está ocurriendo algo: un tranvía que trae y lleva pasajeros, un alcantarillado de múltiples funciones, ciclistas impertinentes y una comparsa siempre presente que no alcanza a volverse hostigosa. Sagi deliberadamente trató el personaje de “El Poeta” como uno más, sin asignarle ninguna meta-función. Es una elección artística legítima que funcionó a la perfección en una puesta tan llena de detalles atractivos. Una idea más habría sobrado.

Pietro Spagnoli (Selim) y Keri Alkema (Fiorilla) en el primer acto
de Il turco in Italia, Teatro Municipal de Santiago, 2015

Pietro Spagnoli es un solista excelente, a quien hemos visto en varias ocasiones. Selim es un rol asociado a bajos, aunque su tesitura no es prohibitiva para voces más abaritonadas como la de Spagnoli, que brindó un turco sofisticado y seductor. Desde su segura entrada con “Bella Italia”, estuvo en dominio del personaje. Su timbre, además, se integró a la perfección en los números colectivos, en particular en su dúo con don Geronio. Alessandro Corbelli sirvió este papel y se robó la función. Corbelli, próximo a cumplir los 63 años, es una verdadera institución de la ópera bufa. No sólo por su material vocal, que no ha perdido aplomo, sino también por su desempeño escénico, aquí utilizado con gran sentido del humor sin caer en lo ridículo ni en la sobreactuación. El aria adicional del acto segundo, “Se ho da dirla”, un típico trabalenguas musical, fue la prueba final de todo lo anterior.

El tenor brasileño Luciano Botelho asumió el rol de don Narciso. Botelho tiene un material interesante, bastante individual, de vibrato rápido y timbre luminoso. En su aria del acto segundo, “Tu seconda il mio disegno”, produjo un resultado sólido combinando anhelo amoroso y venganza, pero el agudo suena estrangulado y derechamente podría haberlo omitido. Prosdócimo, el poeta, fue interpretado por el barítono chino ZhengZhong Zhou. El Poeta carece de arias, pero interviene activamente en los recitativos y en los números colectivos. Con un atractivo timbre y una línea de canto muy fluida, Zhou se entregó al juego escénico con naturalidad. El joven tenor chileno Francisco Huerta como Albazar pudo lucir su voz en su pequeña aria del acto segundo. Con más sutileza en la proyección de la voz y en el hiperactivo movimiento escénico habría logrado mejores resultados.

Alessandro Corbelli (don Geronio) y Keri Alkema (Fiorilla) en el segundo
acto de Il turco in Italia, Teatro Municipal de Santiago, 2015

A Keri Alkema la vimos el año pasado en Otello con un muy buen desempeño. Por lo mismo, parecía una elección extraña para doña Fiorilla, un rol de soprano coloratura. Alkema tiene una voz atractiva, pero estuvo lamentablemente fuera de repertorio. Que Fiorilla sea un rol de soprano coloratura en la tradición rossiniana no quiere únicamente decir que el solista deba ser capaz de producir una sofisticada ornamentación, sino también que incorpore un sinnúmero de herramientas musicales que caracterizan a este estilo, por ejemplo el uso de las appoggiaturas. Alkema brindó una “Squallida veste”, su compleja escena del segundo acto, prácticamente sin ornamentación, y recurrió a soluciones teatrales más que musicales para dar cuenta de su personaje. Daniela Ezquerra como la despechada Zaida fue correcta, aunque la voz se pierde con facilidad en los conjuntos, que es donde precisamente el personaje tiene presencia musical. Como siempre solvente el Coro del Teatro Municipal en sus acotadas intervenciones.

A José Miguel Pérez-Sierra hay que agradecerle demasiadas cosas. Por de pronto, haber tomado las decisiones editoriales correctas; básicamente, utilizar con sabiduría la edición crítica, evitando cortes y permitiendo el lucimiento de su mejor solista, Corbelli, con un aria adicional cuya inclusión no es obligatoria. Segundo, haber sacado un hermoso sonido de la Filarmónica de Santiago, desde el cabalgante y perfectamente sincronizado crescendo de la obertura, hasta los delicados detalles de la madera en la entrada de Geronio y en el Finale Primo. Pérez-Sierra fue además deferente con sus solistas en la elección de sus tempi, que en el balance final resultaron ágiles y vivaces. Solo se extrañó un teclado más inquieto en los recitativos seccos, aquí un discreto clavecín. Con una orquesta entusiasmada y un escenario lleno de vida, el resultado final de este Turco es una producción memorable que se anota entre las cimas de las recientes temporadas.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, septiembre de 2015

Imágenes gentileza Teatro Municipal de Santiago de Chile / Fotografías de Patricio Melo
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Publicado el 09/09/2015
     
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