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“Werther” en el Teatro Avenida : La vena lírica francesa en su mayor expresión
Una versión musical sobresaliente de una de las óperas francesas más conocidas y representadas —en efecto, es la segunda producción del año en Buenos Aires— fue el mayor mérito de esta nueva producción de Buenos Aires Lírica. Por Ernesto Castagnino
 

Escena final del primer acto de Werther, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2015

WERTHER, drama lírico en cuatro actos de Jules Massenet. Función del viernes 31 de julio de 2015 en el Teatro Avenida, organizada por Buenos Aires Lírica. Dirección musical: Pedro-Pablo Prudencio. Dirección escénica: Crystal Manich. Escenografía: Noelia González Svoboda. Vestuario: Lucía Marmorek. Iluminación: Rubén Conde. Elenco: Gustavo López Manzitti (Werther), Florencia Machado (Charlotte), Laura Sangiorgio (Sophie), Norberto Marcos (Albert), Cristian De Marco (El Alcalde), Sebastián Angulegui (Johann), Sergio Vittadini (Schmidt), Juan Feico (Brühlmann), Gabriela Kreig (Kätchen). Coro de Niños Petites Coeurs, directora: Rosana Bravo. Coro de Buenos Aires Lírica, dirección: Juan Casasbellas. Orquesta.

Con los ecos de los últimos acordes del Werther presentado en abril en el Teatro Colón aún resonando en los oídos, recibimos otra producción de esta ópera, piedra angular del romanticismo tardío francés. Las penas del joven Werther de Johann Wolfgang von Goethe seguía siendo un éxito literario en 1880 cuando Jules Massenet concibió la idea de componer una ópera sobre la historia del amor desesperado de un joven poeta, desesperación que lo arroja al suicidio. La ópera se concluyó a fines de la década del ochenta y recién en 1892 el músico consiguió que el Teatro Imperial de Viena se interesara en estrenarla, traducida al alemán.

No hay en esta ópera —excepto el conocido “Pourquoi me réveiller?”— números solistas que puedan utilizarse en conciertos como piezas de lucimiento, porque el esfuerzo de Massenet y sus tres libretistas estuvo dirigido a crear un crescendo dramático sostenido en duetos intercalados con monólogos interiores de los diversos personajes. La magistral partitura consigue el efecto final de un continuo donde cada elemento deja de tener valor por sí mismo para formar parte de un todo indivisible que avanza ininterrumpidamente al necesario desenlace.

La concepción escénica de Crystal Manich, en su tercer trabajo para Buenos Aires Lírica, logró algunos momentos conmovedores, pero, como en su Madama Butterfly y su Adriana Lecouvreur, se limitó a una lectura bastante lineal y apegada a la tradición. El comienzo fue prometedor, a partir de un dispositivo escenográfico bastante funcional creado por Noelia González Svoboda, los niños del coro interactuaban con los otros personajes de un modo natural (en vez de desplazarse en bloque por el escenario como es habitual) dando fluidez a las escenas. Pero, poco a poco, el interés inicial comenzó a diluirse en una cantidad de lugares comunes y marcaciones rutinarias que solo pueden conformar a ese pequeño sector del público empeñado en que las puestas escénicas se limiten a reproducir las didascalias del libreto.

Florencia Machado (Charlotte) y Gustavo López Manzitti (Werther) en el
tercer acto de Werther, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2015

Otros detalles de la concepción visual como la vegetación colgando, las hojas cayendo —la naturaleza es uno de los ejes de la estética del Sturm und Drang en la que fue concebida la novela de Goethe— o la transición a la noche mediante un cortinado negro donde se proyectaba una luna, resultaron difíciles de tomar en serio. El mayor riesgo tomado por Manich fue omitir la transición desde la entrega de las pistolas hasta la última escena en el estudio de Werther, transición en la que únicamente la música relata la angustia de Charlotte corriendo desde su casa hacia donde se encuentra el poeta a fin de impedir lo inevitable. La directora norteamericana decidió crear esa tensión dándole continuidad a la escena de las pistolas haciendo que Charlotte permanezca agitada en su casa, mientras llegan los invitados a la cena de Navidad: mientras ellos ríen despreocupados en la sala, vemos a través de la ventana a Werther suicidarse. La idea podría haber generado un efecto interesante si hubiera estado mejor resuelta, pero dos tramoyistas enrollando la alfombra donde están parados los personajes mientras la pared de la sala se eleva dejando mágicamente a Charlotte junto a Werther, además de poco prolijo, resultó desconcertante.

Pedro-Pablo Prudencio ofreció una versión cargada de lirismo, desplegando la paleta de colores y sfumature de la orquestación massenetiana, consiguiendo ese sentido de unidad tan necesario en esta obra. Valorable el especial cuidado del director chileno en los grandes momentos elegíacos como el “claro de luna” del primer acto, al frente de una orquesta atenta y precisa.

El elenco estuvo liderado por la voz incandescente y la presencia escénica de Gustavo López Manzitti, quien remplazó al anunciado Darío Schmunck por motivos que no fueron aclarados. López Manzitti fue un Werther impetuoso, más inclinado a la expansión que a la introversión, a la desesperación que a la melancolía; y, si en el primer acto hubieran sido muy bienvenidos una mayor matización y algunos pianissimi, su interpretación en el segundo acto fue honesta y expresiva, alcanzando en el tercero y cuarto una intensidad arrebatadora.

Florencia Machado asumió el rol de Charlotte con medios suficientes, una gestualidad natural y un timbre muy personal y rico en matices, realizando un convincente retrato de la mujer burguesa capaz de sacrificar su felicidad por una promesa hecha a la madre muerta. El único reproche que podría hacerse a su interpretación fue una prosodia francesa no demasiado pulida.

Gustavo López Manzitti (Werther) y Florencia Machado (Charlotte) en
la escena final de Werther, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2015

Norberto Marcos —más cómodo vocalmente en otros repertorios— fue un Albert de temibles miradas, conciente desde el comienzo de la amenaza que representa ese poeta para su situación matrimonial, en tanto la Sophie juvenil de Laura Sangiorgio, con voz ligera y bellamente timbrada, resultó un buen contraste con el clima sombrío que rodea a los adultos. Los comprimarios acompañaron bien, comenzando por Sebastián Angulegui y Sergio Vittadini, los amigos del alcalde —un eficiente Cristian De Marco—, y completándose con Juan Feico y Gabriela Kreig como Brühlmann y Kätchen.

Una versión musical lírica y a la vez vigorosa, de irreprochable teatralidad, tuvo un correlato escénico tradicional, y una pareja protagónica capaz de extraer mucho del potencial dramático que la partitura encierra.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2015

Imágenes gentileza Buenos Aires Lírica / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 10/08/2015
     
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