Lunes 25 de Septiembre de 2017
Una agenda
con toda la música


Lunes 25
Martes 26
Miércoles 27

Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“The Rake’s Progress” en Santiago de Chile : La enseñanza libertina
En el Teatro Municipal, dos elencos de primer nivel estrenaron en Chile esta ópera de Igor Stravinsky. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Chile)
 

Jonathan Boyd (Tom Rakewell), solistas y Coro del Teatro Municipal en el
segundo cuadro del primer acto de The Rake's Progress, Teatro Municipal, 2015

THE RAKE’S PROGRESS, ópera en tres actos de Igor Stravinsky, W. H. Auden y Chester Kallman. Funciones del jueves 23 y viernes 24* de julio de 2015 en el Teatro Municipal, Santiago de Chile. Dirección musical: David Syrus / José Luis Domínguez*. Dirección de escena: Marcelo Lombardero. Escenografía: Diego Siliano. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: José Luis Fiorruccio. Coreografía: Edymar Acevedo. Reparto: Hernán Iturralde (Trulove), Anita Watson / Catalina Bertucci* (Anne), Jonathan Boyd / Santiago Bürgi* (Tom Rakewell), Wayne Tigges / Homero Pérez-Miranda* (Nick Shadow), Evelyn Ramírez (Mother Goose), Emma Carrington / Evelyn Ramírez* (Baba la turca), Pedro Espinoza (Sellem), Pablo Oyanedel (el cuidador del manicomio). Orquesta Filarmónica de Santiago. Coro del Teatro Municipal, director: Jorge Klastornick.

Igor Stravinsky se avecindó en Los Angeles, Estados Unidos, en 1939. Al igual que Arnold Schoenberg, residente también en esa ciudad, trató de adaptarse a las exigencias del sueño americano. La percepción de Stravinsky del panorama musical de posguerra le generaba inseguridad, en particular con el florecimiento de las vanguardias. En ese escenario, una ópera que emulara modelos barrocos y clásicos era, por decirlo de alguna manera, una apuesta. Stravinsky y sus libretistas (W. H. Auden y Chester Kallman) crearon en The Rake’s Progress (“La carrera del libertino”, Venecia, 1951) una historia de ascenso y caída utilizando como inspiración una serie de grabados del artista dieciochesco inglés William Hogarth. Estrenada a dos meses del fallecimiento de Schoenberg, esto podía sonar como una verdadera revolución. Lo cierto es que no lo fue. En el cada vez más sofisticado escenario de posguerra, fue recibida fríamente por la intelligentsia musical. “¡Qué fealdad!” fue el juicio de Pierre Boulez. Otra cosa ha sido la carrera de La carrera del libertino, hoy integrada al repertorio operático.

La ópera de Stravinsky es su esfuerzo más ambicioso en el género. Se trata de una fábula moral donde el hilo conductor es la tentación de hacer dinero rápido y ganar una reputación, sin que ello implique ningún esfuerzo (digamos, gracias a los favores de la fortuna) y sin que ello implique sacrificar la libertad personal (digamos, gracias a las elecciones propias). La tensión entre libertad y necesidad, o entre virtud y fortuna, es el tópico central de varios pasajes, en particular aquellos entregados a la figura mefistofélica de Nick Shadow. Si a esto se suma el enorme campo de referencias musicales y literarias (Don Juan, Fausto, Orfeo, Adonis, y sus respectivas encarnaciones musicales), la obra amenaza con convertirse en una suerte de llave maestra capaz de abrir cualquier cerradura de significado.

Catalina Bertucci (Anne), Hernán Iturralde (Trulove), Homero Pérez-Miranda (Nick) y
Santiago Bürgi (Tom) en el primer cuadro de The Rake's Progress, Teatro Municipal, 2015

Por lo mismo, Marcelo Lombardero y su equipo tomaron decisiones. Manteniendo la acción situada en Londres, trasladaron el tiempo al siglo XXI. El uso de señalética y un anuncio de la Tate sobre una exposición de Hogarth son toques geniales que provocan sonrisa. Diego Siliano diseñó una escenografía funcional, muy limpia en su austeridad, haciendo un uso interesante de los telones negros para ocultar, pero también para sugerir una suerte de flotación en vacío. Este recurso, bien coordinado con la iluminación de José Luis Fiorruccio, generó escenas de bella cotidianeidad, en particular para la huida de Anne. El vestuario de Luciana Gutman respondió con sobriedad a esta estética.

Tom, el libertino, fue por su parte entregado a las tentaciones de un prostíbulo sadomasoquista, una travesti y las comodidades del capitalismo. El prostíbulo, con todo su posmoderno rococó, resulta efectivo como metáfora de las relaciones de poder. Pero el tratamiento de Baba la turca como travesti genera desequilibrios. La barba, si bien un elemento de suyo extravagante, no cancela su condición de mujer, lo que se aviene mejor con la solidaridad que demuestra a Anne en el acto tercero. La supresión de su barba y la adición de un prominente bulto en su entrepierna resultó además un recurso demasiado obvio. Quizá esta puesta está destinada a ser revivida con un contratenor en este papel. Hay algunos problemas escénicos que quedaron pendientes y que se relacionan con el nivel de detalle que tiene el libreto. Así ocurre con el rol de la caída de la pala en la escena del cementerio. Quizá un cambio en el sobretítulo y alguna idea ingeniosa, de las que siempre abundan en las puestas de Lombardero, habría sido un golpe de teatro interesante.

Tom Rakewell fue servido en el primer elenco por Jonathan Boyd. El tenor estadounidense tiene un timbre muy grato al oído, en particular en la zona alta, donde es capaz de adelgazar con elegancia el volumen. Su lectura de “Love, too frequently betrayed”, la melancólica cavatina del burdel, resultó conmovedora. Su Tom manifiesta además una sabrosa ambigüedad entre un ser moralmente responsable y otro que pretende ser sólo una víctima de las circunstancias. Santiago Bürgi, por su parte, fue un Tom menos ambiguo, no carente de inocencia, pero sí con mayor conciencia de su comportamiento. Su locura es más grandiosa, allí donde la de Boyd es más poética. En suma, dos extraordinarios intérpretes para un papel clave del repertorio del siglo XX.

Emma Carrington (Baba la turca), Jonathan Boyd (Tom) y Anita Watson (Anne) en el
cuadro segundo del segundo acto de The Rake's Progress, Teatro Municipal, 2015

Anita Watson y Catalina Bertucci fueron Anne. Watson tiene una voz de tamaño moderado con un buen agudo, el que corre con solvencia en un escenario de las dimensiones del Municipal. Bertucci por su parte enseña un muy bello material, pero se la vio algo dubitativa en su aria, en particular durante la cabaletta. Es una voz recompensante que amerita desarrollo. La otra “mujer”, Baba, estuvo encarnada por Emma Carrington y Evelyn Ramírez. Carrington tiene graves interesantes y un desempeño escénico correcto. Ramírez, que además asumió el papel de la dueña del prostíbulo, hizo suyo el rol de Baba, dominando el escenario en cada una de sus apariciones.

Nick Shadow, la figura negativa de la trama, fue interpretado por Wayne Tigges. Eligió ser un Nick de sutilezas, muy irónico y dado al comentario sotto voce. El material de Tigges se presta bien para este juego, con un timbre abaritonado que se mueve con comodidad en la zona aguda. La voz más grave de Homero Pérez-Miranda, en el elenco alternativo, redundó en un Nick más grueso, cantando marcadamente forte la primera parte; a regreso del intermedio moderó el volumen con un resultado más satisfactorio.

Hernán Iturralde fue el padre Trulove, un rol ciertamente inferior a sus calidades vocales, que como siempre lució con solvencia. Vocalmente correcto el Sellem de Pedro Espinoza, aunque escénicamente resultaran un tanto frustrantes sus intentos de comedia física. Pablo Oyanedel cantó las breves líneas del cuidador del manicomio.

Jonathan Boyd (Tom) y Wayne Tigges (Nick) en el cuadro segundo
del tercer acto de The Rake's Progress, Teatro Municipal, 2015

David Syrus dirigió a la Filarmónica de Santiago con seguridad, optando por una lectura de tiempos calmados y silencios marcados. José Luis Domínguez, en cambio, propulsó un poco más rápido la pieza, lo que se agradece, en particular respecto a los momentos rítmicamente más intensos, como el dueto “My tale shall be told” que en su lectura funcionó efectivamente como cierre de cuadro. Precioso trabajo de las maderas en las escenas nocturnas, al igual que los metales, inquietantes en la subasta. Si bien el programa de mano no lo indica, Hernán Hevia tuvo a su cargo los recitativos desde el clavecín. Una ejecución que luciría más si Stravinsky hubiese escrito algo más interesante para este instrumento. Es probable que esta fuera la forma habitual de percibir el recitativo secco durante la primera mitad del siglo XX. Una prueba más que The Rake’s Progress es una ópera moderna y no barroca, y por lo mismo un título moderno más que el Teatro Municipal anota en su necesaria tarea de renovar el repertorio chileno.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, agosto de 2014

Imágenes gentileza Teatro Municipal de Santiago de Chile / Fotografías de Patricio Melo
Seguinos en
www.twitter.com/TdMargentina y www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
__________
 
Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en esta obra, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook o nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 04/08/2015
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados