Viernes 24 de Noviembre de 2017
Una agenda
con toda la música


Viernes 24
Sábado 25
Domingo 26

Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“Le nozze di Figaro” en el Teatro Avenida : Autenticidad musical y natural teatralidad
Una excelente versión musical y un ágil planteo escénico confluyeron en la segunda producción de Juventus Lyrica de esta obra maestra de Mozart. Por Ernesto Castagnino
 

Cecilia Pastawski (Querubino), María Goso (Susana) y Juan Salvador Trupía y Rodríguez (Fígaro), junto
al Coro de Juventus Lyrica, en el primer acto de Le nozze di Figaro, Teatro Avenida, 2015

LE NOZZE DI FIGARO, ópera de Wolfgang Amadeus Mozart. Función del viernes 10 de julio de 2015 en el Teatro Avenida, organizada por Juventus Lyrica. Dirección musical: Hernán Schvartzman. Dirección escénica y vestuario: María Jaunarena. Escenografía e iluminación: Gonzalo Córdova. Elenco: Fernando Grassi (Conde de Almaviva), Oriana Favaro (Condesa), María Goso (Susana), Juan Salvador Trupía y Rodríguez (Fígaro), Cecilia Pastawski (Querubino), Walter Schwartz (Bartolo/Antonio), María Cecilia Pérez San Martín (Marcelina), Norberto Lara (Basilio/Curzio), Julieta Fernández Alfaro (Barbarina). Coro de Juventus Lyrica y orquesta. Maestro preparador del coro: Hernán Sánchez Arteaga.

Si bien es cierto que la pieza de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais en que se basa el libreto de Lorenzo Da Ponte gozaba de cierta fama en aquellos días, a pesar —o a causa— de la censura que recibió por su mirada crítica y burlona hacia la aristocracia, no es menos cierto que luego del estreno de la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart en 1786, el dramaturgo francés aprovechó la popularidad de la ópera en su favor. Se sabe que en marzo de 1793 fue montado por el propio Beaumarchais un curioso espectáculo en el que se intercalaban las arias más famosas de la ópera —traducidas al francés— a la pieza teatral. La idea, repetida como latiguillo una y otra vez, de que esta obra contiene el germen de la revolución, resulta un poco excesiva si consideramos que en ella no aparece un cuestionamiento radical acerca de la clases sociales, sino apenas una treta, un engaño con el que el subalterno saca cierta ventaja sobre el superior. Pero, descubierto el engaño, todos son perdonados y se restablece el equilibrio original. Seguramente el Conde se sienta un poco humillado, pero Fígaro también recibió un par de cachetadas. Las únicas que en todo momento conocen los hilos de la trama son las dos mujeres, Rosina, la condesa de Almaviva, y Susana, su doncella. La ‘venganza’ de género llegará —aunque con otros personajes— en Così fan tutte, donde las engañadas son las dos mujeres.

Le nozze di Figaro plantea, entonces, antes que un conflicto de clases, esa guerra de los sexos que tanto material aportó a la comedia de los siglos XVII y XVIII. El Conde, un libertino, anda de cacería y Fígaro lo desafía como rival amoroso más que como contrincante en el poder. Es su orgullo masculino el que está herido, porque en su puesto social se encuentra más bien cómodo: la ópera comienza con el propio Fígaro tomando medidas para instalarse con Susana en “la più comoda stanza del palazzo”, él no quiere tomar el poder, sabe adaptarse y sacar ventaja de las cosas tal como están.

Cecilia Pastawski (Querubino) y Juan Salvador Trupía y Rodríguez (Fígaro) en la escena final
del primer acto de Le nozze di Figaro, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2015

Juventus Lyrica, en su segunda aproximación a esta obra inagotable, optó por una versión “históricamente informada” como suele denominarse actualmente a las interpretaciones musicales que exploran distintas versiones de la partitura, documentos o tratados de la época acerca del modo de interpretar instrumental y vocalmente, además del uso de instrumentos originales —o réplicas de los mismos— para conseguir un sonido cercano al que producían las orquestas para las que fue creada la obra en cuestión.

Hernán Schvartzman, que con esta ópera completa su ‘ciclo Da Ponte’ para esta agrupación, es un director meticuloso y se sumerge profundamente en el material que tiene entre manos, logrando en esta oportunidad una versión que trae cierto aire y algo de novedad a una obra bien conocida por el público. Y esto último —el ser tan conocida— es justamente lo que produce desconcierto en aquel público no habituado a este tipo de lecturas que buscan un sonido más cercano al original, porque casi dos siglos de interpretaciones signadas por la visión y las voluminosas orquestas del romanticismo calaron hondo en nuestros oídos, haciendo que una versión históricamente informada suene ‘extraña’ a muchos. Un sonido más ligero que el habitual, una mayor libertad en los tempi y las variaciones que los cantantes hacen en la repetición del aria, son algunas de las decisiones que Schvartzman ha tomado en una dirección muy bien balanceada y desprovista de preconceptos.

La dirección escénica de María Jaunarena, con un soporte escenográfico mínimo y cuasi conceptual a cargo de Gonzalo Córdova, apuntó fundamentalmente al trabajo corporal y gestual de los cantantes, con marcaciones muy acertadas que lograron explorar todas las aristas de la obra. La pluma de Da Ponte y la música de Mozart inventan una teatralidad inédita en su época, a partir de un ritmo vertiginoso de situaciones que van encadenándose y suscitándose unas a las otras sin pausa ni tiempos muertos. La habilidad del régisseur es extraer el potencial cómico y dramático de las diferentes situaciones y lograr una interpretación fluida.

Es mérito sin duda de Jaunarena el haber conseguido esa fluidez a partir de una entrega mancomunada del equipo vocal. El traslado de la orquesta al escenario en la escena de la danza con que cierra el tercer acto, en lugar de utilizar otra orquesta detrás de escena, fue un recurso eficaz y prolijamente ejecutado. Un punto más discutible fueron algunas marcaciones que perjudicaron la emisión de algunos cantantes al cantar acostados y perder fuerza en el diafragma.

María Goso (Susana) y Oriana Favaro (Condesa) en el tercer acto
de Le nozze di Figaro, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2015

Es uno de los pilares de Juventus Lyrica la promoción de jóvenes cantantes en un medio que no ofrece demasiadas oportunidades a los que recién comienzan. El equipo vocal reunido en esta ocasión fue de una considerable homogeneidad, punto clave en esta obra ya que hay cinco roles que tienen prácticamente la misma importancia y una buena cantidad de números concertantes. Otro pilar de esta propuesta fue un minucioso trabajo en los recitativos —otro de los puntos clave en esta ópera— porque desde allí, y no desde las arias, se logra la fluida y ágil teatralidad dapontiana de la que hablábamos más arriba.

Juan Salvador Trupía y Rodríguez exhibió una voz de buena extensión, timbre brillante, lírico y juvenil, a lo que se suma su capacidad expresiva y soltura escénica conformando una interpretación del astuto Fígaro sin fisuras. Con una voz ligera, corrediza y bien proyectada, la soprano María Goso en el rol de Susana fue de menor a mayor, afianzándose con el correr de las escenas hasta lograr una bella, delicada y sensual interpretación de su aria “Deh, vieni, non tardar”. Goso consiguió trazar el extenso arco que transita el personaje de la trama que mayor tiempo está en escena, consiguiendo variados matices desde la fingida inocencia a la desfachatez, pasando por la ira y la ternura.

La pareja noble tuvo en Oriana Favaro, una condesa más juvenil de lo habitual, con una voz esmaltada y afinación impecable con la que hizo frente a sus dos arias. Fernando Grassi con buen estilo mozartiano y presencia escénica dio al personaje del Conde una relevancia inesperada, mostrando la impotencia de este torpe proyecto de Don Juan al que todo le sale mal.

Tal vez lo más complejo del rol de Cherubino es que una mujer logre hacer creíble la efervescencia hormonal de un varón adolescente de quince o dieciséis años, lanzado a una indiscriminada y febril conquista amorosa. Cecilia Pastawski, desde su primera aproximación en 2008 al rol, ha encontrado los hilos de una interpretación sostenida en una vocalidad franca y natural musicalidad, que hoy se ha afianzado en un mayor dominio de la técnica, profundidad psicológica del rol y expresivo fraseo.

Escena final del tercer acto de Le nozze di Figaro, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2015

Walter Schwartz cantó su aria de la calumnia con gracia aunque se echó en falta algo de volumen y María Cecilia Pérez San Martín como Marcelina logró transmitir el carácter bufo de su personaje aportando una pulcra línea vocal. Impecable Norberto Lara como Bartolo y Don Curzio a los que abordó con buenos medios y musicalidad, mientras que merece mencionarse la breve pero efectiva intervención de Julieta Fernández Alfaro como Barbarina, que con timbre cristalino hizo justicia a la cavatina con la que comienza el cuarto acto.

Una muy bienvenida segunda versión de las bodas mozartianas brindó Juventus Lyrica, a partir de una destacada dirección musical que logró transmitir con naturalidad y sin artificios, la fluidez y el agudo sentido dramático de la música de Mozart. La entrega de un equipo vocal sin fisuras, y una dirección escénica centrada en una interpretación franca que permitiera surgir la potencia teatral del texto dapontiano, confluyeron en un trabajo merecidamente premiado por el aplauso del público.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Julio 2015

Imágenes gentileza Juventus Lyrica / Fotografías de Liliana Morsia
Seguinos en
www.twitter.com/TdMargentina y www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
__________
 
Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en esta obra, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook o nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 17/07/2015
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados