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“Platée” en la Usina del Arte : Barroco desenfadado
Con un elevado nivel artístico se estrenó en nuestro país esta obra esencial del barroco musical francés. Nos arriesgamos a anticipar que esta coproducción argentino-chilena constituirá, sin lugar a dudas, uno de los acontecimientos musicales del año. Por Ernesto Castagnino
 

Alexis Ezequiel Sánchez (Platée) y Patricia Cifuentes (Clarine) en el centro de una escena de Platée, Usina del Arte, 2015

PLATÉE, comedia-ballet de Jean-Philippe Rameau. Estreno argentino. Función del domingo 28 de junio de 2015 en la Usina del Arte. Co-producción de la Usina del Arte y el Teatro Regional de Rancagua (Chile). Dirección musical: Marcelo Birman. Puesta en escena: Pablo Maritano. Coreografía: Carlos Trunsky. Preparación del coro: Marcelo Dutto. Vestuario: María Emilia Tambutti. Iluminación: Betina Robles. Reparto: Alexis Ezequiel Sánchez (Platée), Patricia Cifuentes (La Locura/Clarine), Norberto Marcos (Júpiter), Pablo Pollitzer (Tespis/Mercurio), Evelyn Ramírez (Juno/Talía), Patricio Sabaté (Citerón/Un sátiro), Sergio Carlevaris (Momo), Soledad Molina (Amor). Orquesta y Coro de la Compañía de las Luces (Buenos Aires). Orquesta Barroca Nuevo Mundo (Rancagua). Ballet de la Bienal de Arte Joven Buenos Aires.

El encomiable y prolijo trabajo que la Compañía de las Luces viene realizando desde 1999, en la recuperación del repertorio barroco francés, ha rendido sus frutos. A partir de 2003 presentaron en el Museo Nacional de Arte Decorativo versiones en concierto semimontadas de obras como Les Danaïdes de Antonio Salieri, Iphigénie en Tauride de Christoph Willibald Gluck, Castor et Pollux e Hippolyte et Aricie de Jean-Philippe Rameau y David et Jonathas de Marc-Antoine Charpentier. Este año la coproducción de la Usina del Arte con el Teatro Regional de Rancagua de Chile, ofrece el marco para una puesta escénica de Platée, la singular comedia de Jean-Philippe Rameau estrenada en 1745. La Compañía de las Luces, fusionada en esta oportunidad con la Orquesta Barroca Nuevo Mundo y solistas de ambos países, realizaron en mayo el estreno sudamericano de esta obra en Chile, continuando ahora sus presentaciones en el espacio de la Usina del Arte con apenas dos funciones, que esperemos no sean las únicas.

Mientras los italianos del setecientos competían para ver quién adornaba más elaboradamente la melodía y las óperas se iban transformando en pequeñas competencias de virtuosismo vocal, los franceses cultivaban la sobriedad en el estilo de composición, el apego a las reglas racionales y matemáticas que dan sustento a la música y la búsqueda de una expresividad refinada. En cierto sentido, Lully primero y luego Rameau se mantuvieron más apegados que sus pares italianos a los preceptos de la Camerata Fiorentina, que a fines del siglo XVI había propuesto volver a las fuentes griegas, planteando la idea de un dramma in musica, es decir, una representación escénica cantada.

El gusto francés por el ballet, las danzas cortesanas y el gran despliegue escénico encontró en las tragedias de reyes y dioses, un vehículo ideal para la ópera. Por eso resulta sorprendente que la historia de Platée, la fea ninfa de los pantanos que es usada por Júpiter para gastarle una broma pesada a su esposa Juno, fuera considerada argumento de una ópera en el apogeo del barroco francés, con sus solemnes y pomposas tragédies en musique o tragédie lyriques que derivarían en el siglo XIX en la igualmente solemne y pomposa Grand Opéra. Una pintoresca versión de los hechos atribuye a Rameau el haber utilizado intencionalmente el argumento para esta ópera, ya que se encargó como parte de los festejos de la boda del hijo de Luis XV con una no muy agraciada princesa borbónica. Como sea, el resultado fue una espléndida comedia, plena de inventiva musical y recursos escénicos extraordinarios, muchos de los cuales podrían considerarse de vanguardia para la época.

Norberto Marcos (Júpiter) y Alexis Ezequiel Sánchez (Platée) en una escena de Platée, Usina del Arte, 2015

Júpiter, cansado de los celos de Juno, intenta darle una lección simulando estar enamorado de la ninfa Platée (rol interpretado por un tenor). La intención es que en medio de la boda, la esposa se aparezca y, comprobando la fealdad de la novia, se convenza finalmente de que se deja llevar por habladurías y así desista de futuros reproches. El plan es exitoso y culmina con la humillación de la ninfa que jura venganza antes de volver a su pantano. La original participación del personaje alegórico de La Locura —en cuyas arias Rameau se permitió ir más allá de los cánones estilísticos del momento— junto al potencial cómico que otorga el rol travestido de Platée y al protagonismo del coro cuyas intervenciones son decisivas en la trama, son algunas de las características que hacen a ésta, una obra única y sorprendente.

Pablo Maritano ideó una puesta escénica consistente que tuvo como ejes centrales el desenfado, el erotismo y la ambigüedad sexual, generándose situaciones de picaresca muy efectivas teatral y estéticamente. Uno de los méritos de Maritano fue integrar en un todo los tramos de ballet y partes cantadas haciendo que, en lugar de ser una sucesión de cuadros, cada episodio danzado aportara sentido a la trama. Las originales coreografías ideadas por Carlos Trunsky tuvieron potencia dramática y los seis bailarines se integraron como personajes de la historia demostrando, al igual que los miembros del coro, excelente capacidad expresiva. El vestuario de María Emilia Tambutti jugó eficazmente con el contraste entre las líneas elegantes y clásicas de los dioses y sus séquitos por un lado, y la exageración o grotesco de los personajes de Platée, la Locura y las ninfas del pantano. La acertada iluminación ideada por Betina Robles completó un planteo visual coherente y de cuidado en el detalle.

Resultan notorios, a esta altura, la afinidad y conocimiento de Marcelo Birman en este repertorio, ofreciendo una versión musical en la que supo combinar las adecuadas dosis de brío, sensualidad y lirismo. De la fusión, en esta oportunidad, de la Orquesta de la Compañía de las Luces —cada vez más consolidada— y la Orquesta Barroca Nuevo Mundo de Chile, se obtuvo un sonido brillante y robusto, a la vez que se mantuvo la claridad en las texturas. En esta partitura, Rameau se permite jugar e ir más allá de las estructuras, creando momentos musicalmente sorprendentes y osados para la época, a los que Birman hizo plena justicia con sensibilidad estilística. El mayor protagonismo dado a las cuerdas en el balance general no impidió que se apreciaran las texturas y bellas mímesis de la naturaleza que el compositor encarga a los instrumentos de viento.

Alexis Ezequiel Sánchez (Platée) en una escena de Platée, Usina del Arte, 2015

El homogéneo elenco —integrado por solistas de ambos países— estuvo liderado por el tenor Alexis Ezequiel Sánchez, cuya entrega escénica y comicidad efectiva fueron claves para el excelente resultado final. Poseedor de un instrumento flexible y bien apoyado, Sánchez consiguió, además, una interpretación estilísticamente irreprochable. Otra actuación vocal y escénica destacada fue la de Patricia Cifuentes, en los roles de La Locura y Clarine, que le valió una intensa ovación del público. La soprano chilena, con facilidad de ascenso al agudo y coloratura, demostró que posee lo necesario para hacer frente al rol de La Folie, vocalmente el más exigente de la partitura, con numerosas agilidades, roulades, saltos del registro grave al agudo, recursos con los que el compositor expresa lo cambiante e inestable del personaje.

Las voces bien proyectadas y rotundas de Norberto Marcos y Evelyn Ramírez resultaron ideales para dar vida a la pareja real del Olimpo, mientras que Patricio Sabaté con un registro baritonal homogéneo resolvió admirablemente sus escenas como Sátiro primero y como Citerón luego. El elenco se completaba con el simpático Momus de Sergio Carlevaris, el Mercurio de Pablo Pollitzer y el Amor de Soledad Molina. Digno de mención es el trabajo de precisión sobre el texto, que en la ópera barroca francesa ocupa un lugar de importancia y que, además, en esta obra en particular está al servicio de la comicidad.

Una excelente iniciativa resultan estas coproducciones que permiten seguir avanzando en un repertorio poco conocido pero de obras extraordinarias, que la Compañía de las Luces viene ofreciendo hace años al público argentino en calidad de estreno. La posibilidad de trabajar en conjunto con otras agrupaciones latinoamericanas redunda en un enriquecimiento mutuo, con un resultado final, en esta oportunidad, estilísticamente impecable.

Alexis Ezequiel Sánchez (Platée) y el Coro de la Compañía de las Luces en la escena final de Platée, Usina del Arte, 2015

La posibilidad de contar con la sala principal de la Usina del Arte permitió también que la creativa puesta de Pablo Maritano diera vida a esta historia y estos personajes tan atípicos y originales para su época. Lamentamos solamente que se hayan ofrecido apenas dos funciones en Buenos Aires —ambas a sala llena— y auguramos que no sean las únicas para que una mayor cantidad de público pueda disfrutar de un trabajo de calidad como el que ofreció este equipo argentino-chileno de músicos, cantantes y bailarines, liderado por la dupla Birman-Maritano.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Julio 2015

A propósito del estreno en Chile de Platée
Por Cristóbal Astorga Sepulveda, corresponsal en Chile / kastorgas@tiempodemusica.com.ar

El 21 de mayo pasado hubo un peregrinaje. El Teatro Regional de Rancagua abrió sus puertas para el estreno sudamericano de Platée, la ópera de Rameau sobre una ninfa fea y pretenciosa que cree ser el objeto del deseo de Júpiter, cuando en realidad es tan solo el medio para castigar los celos de Juno. Quienquiera que ame el género lírico acudió ese día, o los dos siguientes, a presenciar el montaje que Pablo Maritano ideó para un elenco de artistas chilenos y argentinos.

Como en toda fábula, uno quiere encontrar moralejas. La más obvia: que es posible montar un espectáculo de calidad en regiones. Platée fue, sin lugar a dudas, un montaje de excelencia, no solo porque las ideas fueron frescas, sino porque también estaban ejecutadas con profesionalismo. Entre esas ideas se cuenta el pequeño giro que Maritano introdujo en la pieza. Platée, la ninfa, es un rol travesti. Originalmente escrito para Pierre de Jélyotte, el rol explora las zonas más altas del ya suficientemente agudo registro de haute-contre, la voz masculina heroica por excelencia en la ópera barroca francesa. De Jélyotte sabemos además que poseía una voz grande y bien proyectada, sin uso de falsetto. El juego teatral en Platée consiste en entregar a un hombre el rol de una mujer, generando el consiguiente efecto grotesco de ver a una mujer con voz de hombre: Jélyotte era un hombre haciendo de mujer.

Maritano maquilló y vistió a Alexis Ezequiel Sánchez (Platée) emulando a Divine, la drag queen musa inspiradora del cine de John Waters. Con ese gesto genial, Maritano cambió el eje: Alexis Ezequiel Sánchez es hoy un hombre haciendo de un hombre que imita a una mujer. Y esto es ciertamente disruptor, pues introduce frescas disonancias acerca de la estabilidad de la identidad de género. La reacción de los dioses (“reacción divina” estaría tentado a decir) contra Platée/Divine tematiza una lucha de veleidades y egos, donde Platée deja de ser un instrumento para castigar a la celosa Juno y, en cambio, se torna el objeto mismo del flagelo divino.  ¿Moraleja? No hay lugar para Platée en el panteón divino, pero sí hay un trono para Divine en el pantano terrestre. La puesta de Maritano celebra este hecho, porque después de todo, al igual que ocurría con sir John Falstaff, ¿qué sería de nuestra existencia pantanal sin la presencia de esas divinas criaturas que dan sabor y diversidad a la experiencia humana?

Imágenes gentileza Compañía de las Luces / Fotografías de Alejandro Held
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Publicado el 07/07/2015
     
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