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Evgeny Kissin en el Teatro Colón : Como en otros tiempos
A casi veinte años de su debut en la Argentina, el artista ruso volvió con un recital en el que abordó el repertorio pianístico tradicional, demostrando que es un magnífico intérprete. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Evgeny Kissin saluda al público del Teatro Colón, 2015

Recital de EVGENY KISSIN, piano. Concierto realizado el martes 2 de junio de 2015 en el Teatro Colón, en el marco del Abono Quinto Aniversario. Mozart: Sonata para piano N° 10 en Do mayor, K. 330. Beethoven: Sonata para piano N° 23 en Fa menor, Op. 57, “Appassionata”. Brahms: Tres Intermezzi, Op. 117. Albéniz: “Granada” y “Cádiz”, de la Suite Española N° 1, Op. 47 / “Córdoba” y “Asturias”, de Cantos de España, Op. 181. Larregla: ¡Viva Navarra!

El pianista ruso Evgeny Kissin volvió al Teatro Colón luego de casi veinte años de haber debutado en este mismo escenario. En 1996, a sus veinticinco años y en ocasión del 50° aniversario de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, se presentó en una de las funciones de su abono, interpretando el Concierto de Schumann y además en un recital solista que se enmarcó en el “Ciclo Recitales Grandes Pianistas”, un ciclo creado para ese aniversario nomás y que constó de otro recital a cargo de Yefim Bronfman, compatriota de Kissin.

Tras la cancelación de la actuación que tenía prevista en 2012 por el fallecimiento de su padre, este año Kissin se presentó en otro ciclo circunstancial que lleva por nombre “Quinto aniversario” en celebración de la reapertura del Colón en 2010 y que agrupa a artistas tan disímiles como el propio Kissin, el trompetista Wynton Marsalis —que ya actúo con su orquesta de jazz en marzo pasado—, la soprano Paula Almerares con la pianista Karin Lechner, el charanguista Jaime Torres, el bandoneonista Daniel Binelli o el tecladista Lito Vitale.

En esta oportunidad, Kissin, a sus cuarenta y cuatro años, ofreció un recital que se encuadra en la tradición de los “Grandes Pianistas” (sí, con mayúsculas) del siglo pasado, abarcando desde el Clasicismo hasta el Romanticismo tardío. El pianista ruso, más allá de las particularidades que uno pueda observar, demostró que posee una destreza técnica admirable y una adaptación adecuada para cada estilo que aborda: sus interpretaciones, sin dudas, no dejan a nadie indiferente.

Ya su postura corporal, un tanto alejada del instrumento, en la Sonata N° 10, K. 330 de Wolfgang Amadeus Mozart indicó por donde iría su lectura: la constante sería un sonido contenido y sin excesos. El impulso rítmico de la exposición del “Allegro moderato” inicial se vería así, tanto en dinámica como en velocidad, mientras que en el desarrollo se lo escucharía tal vez un tanto apurado. Esa circunspección en el “Andante cantabile” podría tomársela como una interpretación algo impersonal, aun realizando un excelente trabajo de dinámicas. En las frases abiertas y repetidas de este movimiento, por ejemplo, que siempre generan tensión dramática —y es eso lo que, dentro del estilo clásico y sus estructuras, se pone en juego, un discurso dramático—, Kissin no se salió de su idea de reserva y el dramatismo obtenido fue demasiado objetivo. El “Allegretto” final fue tomado con un tono galante que le queda muy bien, con una maravillosa digitación y extrema claridad, tal vez separando demasiado cada sección y poniéndole énfasis a la última sección, tanto la primera vez que aparece como en su repetición, provocando que el público aplaudiera antes de tiempo.

Evgeny Kissin en el Teatro Colón, 2015

La frase sombría con la cual comienza la Sonata N° 23, Op. 57, “Appassionatta”, de Ludwig van Beethoven, mostró, en cambio, a Kissin con todo el cuerpo inclinado sobre la parte grave del teclado, logrando un énfasis contrastante y provocando, con el devenir del discurso, un torbellino sonoro. El sonido, tanto en este “Allegro assai” inicial como en el movimiento final, fue robusto, generando climas intensos y siempre con pasmosa claridad para exponer las diferentes líneas.

Con los acordes plenos con los que se inicia el “Andante con moto” central, el pianista nuevamente tomó una actitud corporal distante y el sonido, parecido al que buscó en Mozart: tal vez la idea estructural de tema con variaciones que lleva esta movimiento se le haya impuesto como algo más bien cerebral y el progreso de las variaciones se haya escuchado como algo más mecánico, sin desbordes y con un lirismo contenido. El “Allegro ma non troppo” final fue de un virtuosismo técnico sorprendente, siempre generando un discurso lleno de climas y tensiones, dándole el énfasis justo a cada episodio y coronando el movimiento con una coda que más que “Presto” fue “Prestissimo”, con increíble digitación.

El comienzo de las segunda parte del programa fue con, tal vez, lo mejor que interpretó durante toda la noche, los Tres intermezzi, Op. 117 de Johannes Brahms. Fue el momento en que la emoción se vislumbró en el toque hasta ese momento súper virtuoso de Kissin. Esos climas diferentes que poseen estas piezas —la melancolía del primero, la ligera agitación emocional en el segundo y la parsimonia del tercero— fueron logrados a través del cuidado en las diferencias dinámicas, el toque sumamente delicado y los matices en las velocidades, generando una interpretación superlativa.

El final del programa aunó una cuatro piezas para piano de Isaac Albéniz de dos suites diferentes — la Suite Española N° 1, Op. 47 y Cantos de España, Op. 181— para el virtuosismo técnico y sonoro de Kissin. El tono calmo de “Granada” mostró nuevamente lo claro que puede ser exponiendo las diferentes líneas de las texturas —en especial en ese acompañamiento que recuerda el rasgueo de la guitarra—, una magnífica realización de pequeños adornos y los precisos matices dinámicos. En “Cádiz” se impuso el ímpetu de danza, con bellos arabescos y contrastes enfáticos.

Evgeny Kissin en el Teatro Colón, 2015

En “Córdoba” logró climas estupendos a través de los diferentes colores que genera la exploración de todo el rango del registro del piano y los contrastes de tempi. Finalmente, la rápida “Asturias” fue tocada de manera ensimismada, en un perpetuo accelerando, contrastando la sección central enfática y más declamativa. Esta pieza fue una manera de anticipar la obra que cerraría el programa ¡Viva Navarra! de Joaquín Larregla, una jota de concierto de puro virtuosismo, donde la propulsión rítmica y el carácter melódico se funden, oportunidad para que Kissin demostrara otra vez su seguridad técnica y sonido robusto.

Luego de esto —y pese a que el auditorio no estuviera completo del todo— la ovación fue muy fuerte, lo que provocó que el pianista saliera varias veces a saludar y ofreciera tres bises. El primero, la Danza española Nº 5 de Enrique Granados, continuó con esa atmosfera generada en las piezas de Albéniz. Le siguieron dos obras de Frédéric Chopin: en la Polonesa heroica —tal vez lo más brillante de toda la noche— derrochó lirismo y énfasis sonoro, quizá un tanto alborotado pero que bien le sientan al compositor polaco, en tanto que el tono más quedado de la Mazurca, Op. 68 Nº 2 le permitió lucirse nuevamente en los adornos y en encontrar las dinámicas contrastantes justas. Con estas dos interpretaciones, Evgeny Kissin completó el recorrido que un “Gran Pianista” debe hacer, y lo que mostró en su vuelta al Teatro Colón fue que el título lo tiene bien merecido.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Junio 2015

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli
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Publicado el 16/06/2015
     
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