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Falleció el director Sergio Renán
Tras varias semanas de internación, en la madrugada del 13 de junio de 2015 murió este significativo director de cine y teatro, que también será recordado por su gestión en la década de los noventa como Director General y Artístico del Teatro Colón. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Ayer, sábado 13 de junio de 2015, se dio a conocer la noticia del fallecimiento, por la madrugada y tras varias semanas de internación, de Sergio Renán, a sus ochenta y dos años. Esta importante personalidad de la cultura argentina se desempeñó primero como actor, luego desde la década de 1970 como director de teatro y de cine. Su primera película, La tregua (1974) basada en la novela de Mario Benedetti, fue el primer film argentino en ser nominado al Oscar como Mejor Película Extranjera.

Como director de escena en ópera, debutó en el Teatro Colón con una producción de Manon de Jules Massenet en la temporada 1984, y luego volvió al mismo escenario con Rigoletto (1986) y Otello (1987) de Giuseppe Verdi, y el ciclo de óperas bufas de Wolfgang Amadeus Mozart y Lorenzo Da Ponte, Così fan tutte (1990), Las bodas de Fígaro (1991) y Don Giovanni (1993).

Luego de su paso como Director del Colón, en 2000 volvería a los escenarios operísticos con una producción multimedia de Lady Macbeth de Mtsensk de Dimitri Shostákovich, con el protagonismo absoluto de Mstislav Rostropóvich en la dirección orquestal, estrenada en el Teatro Real de Madrid y luego vista en 2001 en la apertura de la temporada del Colón (se puede ver completa la producción del Real vía YouTube). Una década después, en 2011 volvería a ese mismo escenario con una nueva producción de La flauta mágica de Mozart, y volvería a firmar producciones de las óperas bufas italianas La Cenerentola de Gioacchino Rossini (2012) y L'elisir d'amore de Gaetano Donizetti en mayo pasado.

Sergio Renán en uno de los ensayos de La Cenerentola, Teatro Colón, 2012 / Fotografía gentileza Teatro Colón

Su labor en la gestión pública se dio cuando con el nuevo gobierno en 1989 fue convocado para ser Director General del Teatro Colón, cargo que a los pocos años ampliaría a Director General y Artístico, y que tendría su conclusión en 1996 con el advenimiento de Fernando de la Rúa como primer Jefe de Gobierno electo democráticamente. Allí pasó a la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería hasta 1999. Nuevamente en 1998 fue nombrado Director Artístico del Teatro Colón y finalmente en durante 2000 y 2001 como Director General y Artístico.

La primera etapa de gestión de Renán se caracterizó por tratar de ampliar el repertorio y el público del Teatro, como también, en consonancia con la relativa estabilidad económica, la de convocar a artistas de primera línea internacional. Así, por ejemplo, hubo elencos soñados como el de Simon Boccanegra de Verdi (1995) con Jose van Dam, Karita Mattila y Ferruccio Furlanetto con dirección de Miguel Angel Veltri o el de Elektra de Richard Strauss (1995) con Hildegard Behrens, Leonie Rysanek y Deborah Voigt, dirección de Berislav Klobucar y puesta de Roberto Oswald. También se realizaron los debuts de una joven Renée Fleming como la Condesa de Le nozze di Figaro (1991), el tenor mexicano Ramón Vargas y el barítono ruso Dmitri Hvorostovksy en La favorita (1995) y, aunque en recital para todos los abonos, la mezzosoprano Cecilia Bartoli (1996), en tanto que se produjo el regreso de Alfredo Krauss  (Werther 1991 y Los cuentos de Hoffmann 1993), Piero Cappucilli (Cav&Pag 1992) y Plácido Domingo (Sansón y Dalila 1997 – las gestiones las comenzó Renán).

En cuanto repertorio se pudieron apreciar obras como el estreno argentino de la versión integral de Lulu de Alban Berg con el tercer acto completado por Friederich Cerha y con dirección de Stefan Lano (1993), la primera versión historicista de una ópera barroca en el Colón, L’incoronazione di Poppea de Claudio Monteverdi (1996) a cargo de René Jacobs, el estreno sudamericano de la última ópera de Alberto Ginastera Beatrix Cenci (1992) con puesta de Jaime Kogan, la reposición —tras veintiséis años de ausencia en el escenario porteño— de Wozzeck también de Berg (1995), la primera representación de Porgy and Bess de Gershwin con la Compañía y Coro de la Ópera de Virginia (1992), el estreno argentino de La nariz de Dimitri Shostakovich y La vida con un idiota de Alfred Schnittke por la Ópera de Cámara de Moscú (1994).

Sergio Renán en un ensayo de La flauta mágica, Teatro Colón 2011 / Fotografía de Arnaldo Colombaroli

Estas dos propuestas fueron incluidas en un nuevo abono creado por Renán en 1994, el Abono Ciclo Siglo XX, que duró hasta el final de su gestión en 1996 y que incluyó El castillo de Barbazul de Béla Bartók por primera vez interpretada en la Argentina en su idioma original, Europera V de John Cage, la proyección de Metrópolis de Fritz Lang con música del argentino Martín Matalón (1996) y el estreno mundial de La ciudad ausente (1995) de Gerardo Gandini y Ricardo Piglia. Junto con esta ópera argentina emblemática, encargó otras obras nuevas a compositores y escritores destacados de nuestro país: La oscuridad de la razón (1995) de Pompeyo Camps y Ricardo Monti, Saverio el cruel (1996) de Fernando González Casellas sobre texto de Roberto Arlt.

Fundamental fue la creación en 1990 del Centro de Experimentación, bajo dirección de Gerardo Gandini, una iniciativa que comenzó nómade en diferentes lugares de la Ciudad (Centro Cultural Recoleta, Centro Cultural San Martín, Auditorio del Instituto Goethe, La Carbonera de San Telmo y Museo de Arte Moderno, entre otros) para experimentar justamente con espacios no convencionales: sólo en 1993 se utilizó el sótano del Colón, lugar que desde 1998 finalmente quedó asentada la sede del hoy CETC. Con un marcado espíritu de apertura, las actividades hasta 1996 —que combinaron propuestas de autores canónicos de la vanguardia musical con autores vivos, extranjeros y argentinos— fueron siempre con entrada libre y gratuita. También ese espacio fue el trampolín para jóvenes artistas que luego desarrollarían destacadas carreras.

Las ideas de Sergio Renán con respecto a la gestión del Teatro Colón fueron significativas para nuestro campo cultural, tanto para los artistas como para los nos formamos como público en paralelo a su cometido. “Un funcionario tiene que conocer las herramientas que maneja, el espacio que ocupa, el presupuesto de que dispone y los acuerdos políticos que hagan posible su gestión”, decía en una entrevista a Página/12 de 1998. “Pero ante todo tiene que cuidar que esa cultura que llega a todos sea respetable en lo ético. En este aspecto, reivindico el derecho, tanto de las mayorías como de las minorías, a tener hechos artísticos que los representen”.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Junio 2015

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Publicado el 14/06/2015
     
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