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Programa Janáček-Milhaud en la Usina del Arte : Versiones del amor
Una interesante propuesta que reunió “Diario de un desparecido” de Leoš Janáček y “El pobre marinero” de Darius Milhaud, permitió al público argentino adentrarse en el universo musical de dos compositores de rara presencia en nuestro medio. Por Ernesto Castagnino
 

Pablo Pollitzer (Janík) en Diario de un desaparecido, Sala de Cámara de la Usina del Arte, 2015

DIARIO DE UN DESAPARECIDO de Leoš Janáček / EL POBRE MARINERO de Darius Milhaud. Función del sábado 30 de mayo de 2015 en la Sala de Cámara de la Usina del Arte. Producción Teatro Musical Contemporáneo. Dirección escénica: Marcelo Lombardero. Escenografía: Noelia González Sbovoda. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: Horacio Efron. Elenco Diario de un desaparecido: Pablo Pollitzer (Janík), Florencia Machado (Gitana), Ana Sampedro, Rocío Fernández y Sabrina Contestábile (coro femenino) / Carlos Koffman, piano. Elenco El pobre marinero: Gustavo López Manzitti (El marinero), Graciela Oddone (Su esposa), Víctor Torres (Su amigo), Hernán Iturralde (Su suegro) / Dirección musical: Martín Sotelo. Ensamble instrumental.

Dos obras compuestas en los comienzos del siglo XX por compositores de estéticas diferentes, aunque relacionadas por el tratar, cada una a su manera, los avatares del vínculo amoroso. Diario de un desaparecido (Zápisník zmizelého) es un ciclo de canciones para tenor, mezzosoprano, un coro de tres voces femeninas y piano. El compositor checo Leoš Janáček compuso esta obra entre 1917 y 1919, estrenándose en Teatro Reduta en Brno, el 18 de abril de 1921. Los poemas, escritos en dialecto valaco, narran en primera persona el amor entre un campesino y una gitana, y la partida de ambos luego de quedar ella embarazada. La breve historia (el ciclo dura aproximadamente 35 minutos) expone la atracción de Janík hacia la bella y sensual Zefka quien despierta su deseo a pesar de que, por ser gitana, lo aparte de su familia y su comunidad católicas.

El pobre marinero (Le pauvre matelot) es la cuarta, y seguramente la más representada, de las quince óperas que compuso Darius Milhaud. Formó parte del grupo Les Six, junto a Georges Auric, Louis Durey, Arthur Honegger, Francis Poulenc, Germaine Tailleferre, Jean Cocteau y Erik Satie, grupo cuyo punto de convergencia era fundamentalmente la oposición al ideal impresionista de Claude Debussy y Maurice Ravel. El libreto, escrito por Jean Cocteau, toma un hecho de la crónica policial en el cual un marinero regresa a su hogar tras algunos años de ausencia. Al ver que no es reconocido por su mujer y su amigo, se hace pasar por un compañero del marinero que trae noticias. Mientras él es un millonario, cuenta, el marinero es pobre. Repentinamente la mujer lo asesina a martillazos para quedarse con el dinero y continuar esperando al marido que no regresa.

Marcelo Lombardero, al frente de este nuevo proyecto de Teatro Musical Contemporáneo, acertó en la propuesta de emparejar dos obras que presentan contrastes y, también, correspondencias. Si en lo dramático la primera obra tiene un tono más introspectivo, la segunda en cambio presenta una sucesión de diálogos y acciones. Si en lo musical la obra Janáček desarrolla en un diálogo preciosista entre las voces y el piano, la de Milhaud exige un ensamble de cuerdas, vientos y percusión. Con sus diferencias musicales y de estilo, ambas plantean, sin embargo, el tema de la partida y de la lejanía en una reflexión no muy optimista sobre el vínculo amoroso y sus vicisitudes.

Víctor Torres (El amigo) y Graciela Oddone (La esposa) en El pobre marinero, Usina del Arte, 2015

Las dos historias se desarrollan en el mismo espacio escenográfico ideado por Noelia González Sbovoda para el pequeño espacio de la sala: un farol suburbano que proyecta una luz mortecina al costado de un telón que representa una carretera que se pierde en el horizonte y que, al ser traslúcido, deja ver las siluetas de la gitana, el coro, e incluso de los músicos ubicados detrás. Sobre él se proyectarán también algunas imágenes. La iluminación de Horacio Efron exploró en la obra de Janáček lo onírico, mientras que en la segunda obra acompañaba los rápidos cambios de escena con gran fluidez y sentido dramático. El vestuario de Luciana Gutman aportaba, en su sencillez, los necesarios trazos que completaban la identidad de cada personaje, algo esencial en dos historias que se desarrollan en escaso tiempo y donde la síntesis es fundamental para que el espectador cuente con la información necesaria desde el inicio.

La dirección de Lombardero consiguió desarrollar los dos breves arcos dramáticos con efectivo crescendo, resultando una experiencia teatral y musicalmente intensa. Como ocurrió con su abordaje de los madrigales monteverdianos en Bromas y lamentos (Hasta Trilce, 2013) y más recientemente en Mahagonny Songspiel de Kurt Weill (Usina del Arte, 2014), es claro que Lombardero concibe el teatro musical como un medio para interrogar el presente y resignificar viejas preguntas de un modo original y siempre muy estimulante. Para ello, el trabajo con el texto resulta esencial, además de contar con verdaderos actores-cantantes dispuestos a entregarse a la búsqueda de sutiles y profundos detalles, colores vocales, gestos y acentos.

En Diario de un desparecido, el mayor esfuerzo recayó en el tenor Pablo Pollitzer en el rol de Janík, que cantó con excelente fraseo y notable gama de matices, desde el casi inocente despertar juvenil hasta el desesperado arrepentimiento por el arrebato erótico que le despierta la gitana. Notable contundencia vocal tuvo la participación de Florencia Machado en el rol de Zefka, a la que dotó con su timbre aterciopelado de mezzosoprano, de una sensualidad arrolladora. Homogéneo y con buen nivel el coro de tres voces femeninas integrado por Ana Sampredo, Rocío Fernández y Sabrina Contestábile. El pianista Carlos Koffman logró conducir con intensidad expresiva el hilo musical de esta bellísima partitura del compositor checo.

Gustavo López Manzitti (El marinero) y Graciela Oddone (Su esposa) en El pobre marinero, Usina del Arte, 2015

El pobre marinero tuvo como director musical a Martín Sotelo al frente del ensamble musical y cuatro solistas de altísimo nivel: Gustavo López Manzitti aportó estentórea voz tenoril para dar vida al marinero, incisiva en el rol de su mujer fue Graciela Oddone, expresivo y estilísticamente irreprochable Víctor Torres como el amigo, mientras que en el rol del suegro se contaba con la voz de lujo de Hernán Iturralde. Más allá de las cualidades vocales indiscutibles de los cuatro solistas, demostraron una vez más su condición de verdaderos intérpretes, comprometidos en sus roles con la garganta, el cuerpo y el corazón. Sotelo dejó fluir en la música de Milhaud los momentos de ternura, lirismo y violencia envueltos en una atmósfera de profunda nostalgia, donde no escasearon las pinceladas de melodías populares y folclóricas.

Excelente iniciativa de Teatro Musical Contemporáneo en la Usina del Arte, que da la oportunidad al público argentino de adentrarse en dos obras poco frecuentadas del siglo XX, en versiones musicales y escénicas impecables.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Junio 2015

Para agendar
Aún quedan dos funciones de Diario de un desaparecido y El pobre marinero en la Usina del Arte, que se realizarán el próximo fin de semana, el sábado 13 y el domingo 14 de junio a las 18.00. Entrada $90. Más info: www.usinadelarte.org

Fotografías gentileza Usina del Arte
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Publicado el 09/06/2015
     
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