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Antoni Wit dirigió a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón : Virtuosismos musicales
Bajo la atenta guía del director polaco, el organismo sinfónico porteño ofreció un programa brillante, en donde se pudo lucir en todos sus aspectos. También se destacó el flautista Claudio Barile como solista. Por Luciano Marra de la Fuente
 

La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por Antoni Wit y con Claudio Barile como solista, Teatro Colón, 2015

ORQUESTA FILARMÓNICA DE BUENOS AIRES. Dirección: Antoni Wit. Solista: Claudio Barile, flauta. Concierto de abono realizado el jueves 23 de abril de 2015 en el Teatro Colón. Górecki: Tres piezas en estilo antiguo. Khachaturian: Concierto para flauta y orquesta (arreglo de J. P. Rampal del Concierto para violín en Re menor). Lutoslawski: Concierto para orquesta.

El segundo concierto del abono anual de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires tuvo como director invitado al polaco Antoni Wit, un conductor bastante conocido por su extensa discografía mayormente editada en el sello Naxos y por ser especialista en la música del siglo XX, sobre todo en los autores polacos como Krystof Penderecki, Karol Szymanowski, Witold Lutoslawski o Henryk Górecki. Precisamente el programa que encaró esta vez en el Teatro Colón —su última actuación en nuestro país fue con esta misma orquesta en 2011— incluyó a estos dos últimos autores, a los que se les sumó una esplendorosa obra concertante del armenio Aram Katchaturian.

El comienzo de la primera de las Tres piezas en estilo antiguo (1964) de Górecki fue prometedor, con el ingreso de los segundos violines en una dinámica muy suave y la exposición del tema por los primeros violines más presente. El cuidado de los matices dinámicos a lo largo de esta obra escrita para orquesta de cuerdas fue estupendo, llegando, por ejemplo, en esa primera pieza al clímax del tutti en fortissimo al son de la melodía repetida en un crescendo gradual impecable, un procedimiento en miniatura similar al usado en la célebre Sinfonía N° 3 del mismo compositor.

En la segunda pieza, en tempo más rápido, nuevamente se dieron abruptos cambios dinámicos, mostrando a la vez un perfecto ensamblaje del conjunto. Esta característica se dio nuevamente en el ataque del tutti de la tercera pieza, con esa textura suspendida de los violines en contraste con el avance de las violas y los segundos violines. Los ataques disonantes en las texturas generaron aún mayor intensidad en este “Lento” final, al resolverse en esos acordes consonantes finales contundentes, una intensidad que las cuerdas de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires con la atenta mirada de Wit realizaron de manera expresiva.

La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por Antoni Wit y con Claudio Barile como solista, Teatro Colón, 2015

El Concierto para flauta y orquesta de Katchaturian es una transcripción para ese instrumento solista, realizada en 1968 por el célebre flautista Jean-Pierre Rampal, del Concierto para violín en Re menor (1940). La obra presenta características muy particulares del estilo del compositor armenio que alcanzó popularidad en la ex Unión Soviética: líneas melódicas rimbombantes, brillantes colores orquestales y un virtuosismo extremo.

El inicio del “Allegro con fermezza” sonó plenamente ajustado en el tutti orquestal, en tanto que los diálogos precipitados que mantuvieron la flauta solista con el fagot y el corno inglés, más allá de la dinámica bastante forte, fueron delicados, gracias a la maestría del excelente intérprete convocado para la ocasión, el argentino Claudio Barile. Mucho influyó, claro está, la química que posee este músico —que se desempeña como flauta solista principal de la misma orquesta desde 1984— con sus habituales compañeros. Ya aquí se pudo escuchar la extrema musicalidad de Barile y su técnica virtuosa, y que confluyeron en los diferentes episodios de los siguientes movimientos.

Podemos destacar también la claridad con la pizca justa de nerviosismo que logró en la exposición del tema del “Andante sostenuto” central, y que luego se ensambló perfectamente en las diferentes variaciones con el grupo orquestal, en ese quedado acompañamiento con aire de vals. El juego de dinámicas en este movimiento fue irreprochable, llegando al clímax del tutti con un exorbitante fortissimo. Ese mismo tono siguió en el “Allegro vivace” final, vertiginoso movimiento en el que Barile se volvió a lucir con su estupenda técnica al resolver con bello sonido la rapidez extrema de las escalas, adornos, notas repetidas y demás virtuosismos. Toda esa batería de pirotecnia sonora logró, al finalizar la obra, una sonora ovación por parte del auditorio.

Antoni Wit y Claudio Barile, junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Teatro Colón, 2015

El flautista, tras dedicar su actuación a su novia presente y a su luthier, encaró un particular bis: sacó de su bolsillo un penny whistle —una flauta muy pequeña también conocida como “silbato irlandés”—, explicó de manera didáctica su historia e interpretó una melodía británica y una transcripción de la primera parte de la Sonata en Do Mayor, K. 545 de Mozart.

Otra obra virtuosa, pero diametralmente opuesta a la de Khatchaturian, ocupó la segunda parte del programa. Si la exuberancia de la obra del armenio reside en las dotes extrovertidas del solista, el Concierto para orquesta (1954) de Lutoslawski demanda un trabajo de conjunto más introvertido, ajustado y preciso para que cada grupo orquestal se luzca en sus partes. La obra, culminación de la primera etapa de la producción del compositor —que está relacionada con el nacionalismo musical de su país—, permite dar un diagnóstico pormenorizado del organismo sinfónico, como también deja vislumbrar el trabajo que realizó el director para mancomunar las partes con el todo. Aquí Antoni Wit fue el verdadero motor de esta compleja obra y, sin lugar a dudas, logró que todos los atriles de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dieran lo mejor de sí, alcanzando ese particular virtuosismo requerido.

La línea de violoncellos que expone el tema de la “Intrada” sonó homogénea y cálida como pocas veces, sobre el preciso acompañamiento de los timbales. La repetición del tema en las diferentes secciones orquestales adquirió un nervio propulsivo, característica que atravesaría el resto de la obra en la gesticulación de Wit. El dúo entre el grupo de maderas y el solista de corno sonó delicado, para luego desembocar en un ajustado tutti con precisas intervenciones de los metales. Hacia el final, sobre un suave colchón de las cuerdas, los solistas al retomar el tema del dúo pudieron dialogar como si estuvieran haciendo música de cámara. Algo similar ocurrió en el “Capriccio nocturno ed Arioso” central, sobresaliendo la labor de las flautas, por ejemplo, cuando se unían con presteza a las placas, o el trabajo muy ajustado de las dinámicas en cada sección.

Antoni Wit dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Teatro Colón, 2015

Tal vez a la exposición del tema de la “Passacaglia” final, por los contrabajos y arpa, le faltó un poco de brillo, cualidad que fue apareciendo con el devenir las variaciones, resaltándose por ejemplo la llegada al tutti post-romántico con el tema expuesto por los metales y finalmente por una segura línea de violines. Desde ahí hacia el final, predominó el nervio interpretativo con un ensamblaje ajustado, consiguiendo interesantes climas en la “Toccata”, un fluir in crescendo bien logrado que confluyó en la apoteosis del “Corale” conclusivo, donde los metales se volvieron a lucir al máximo.

El gesto ascendente del tutti final quizá sonó un tanto precipitado, dejando como una sensación de corte abrupto y no contenido. Más allá de esto, el Concierto para orquesta de Witold Lutoslawski mostró, gracias a la atenta guía de Antoni Wit, a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires capaz de vencer los desafíos sumamente complejos del repertorio sinfónico, en uno de los programas más interesantes de su actual temporada.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2015

Para agendar
El próximo concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires se llevará a cabo el jueves 4 de junio en el Teatro Colón, con la dirección de Enrique Arturo Diemecke y la particular participación solista de Gao Hong, intérprete de pipa —un laúd chino—. El programa estará integrado por dos obras de compositores chinos —Lovers' Besieged de Ge Gan-ru y el Concierto para orquesta de cuerdas y pipa de Tan Dun—, más la romántica Sinfonía N° 5 en Mi menor, Op. 64 del ruso Piotr Ilich Tchaikovsky. Antes, Claudio Barile ofrecerá el próximo viernes 29 de mayo a las 19.00 un recital junto a la pianista Paula Peluso en el marco del ciclo “Los conciertos de La 96.7” con entrada libre y gratuita en el Auditorio de Radio Nacional, Maipú 555. Interpretarán la Sonata para flauta y piano, Op. 167, “Undine” de Carl Reinecke, Morceau de concours y la Fantasía para flauta y piano, Op. 79 de Gabriel Fauré, el Concertino para flauta y piano en Re Mayor, Op. 107 de Cécile Chaminade, y la Sonata para flauta y piano de Francis Poulenc.
Más info: www.teatrocolon.org.ar / www.nacionalclasica.com.ar

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli
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Publicado el 16/05/2015
     
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