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“Werther” en el Teatro Colón : Las desventuras de un frío comienzo
Un discreto inicio tuvo la temporada lírica del Teatro Colón con una versión apenas correcta y escasamente estimulante de la obra de Jules Massenet. Por Ernesto Castagnino
 

Escena del primer acto de Werther, Teatro Colón, 2015

WERTHER, drama lírico en cuatro actos de Jules Massenet. Nueva producción escénica. Funciones del viernes 17 y sábado 18* de abril de 2015 en el Teatro Colón. Dirección musical: Ira Levin. Dirección escénica, escenografía, vestuario e iluminación: Hugo de Ana. Elenco: Mickael Spadaccini / Gustavo López Manzitti* (Werther), Anna Caterina Antonacci / Clémentine Margaine* (Charlotte), Jaquelina Livieri / Oriana Favaro* (Sophie), Hernán Iturralde / Cem Beran Sertkaya* (Albert), Alexander Vassiliev / Christian De Marco* (Bailli), Fernando Grassi (Johann), Santiago Bürgi / Ivan Maier* (Schmidt), Norberto Marcos (Brühlmann), Cecilia Pastawski (Kätchen). Coro de Niños del Teatro Colón, dirección: César Bustamante. Orquesta Estable del Teatro Colón.

Cuesta imaginar hoy que una novela sobre un joven poeta que se suicida debido a un amor contrariado genere un escándalo de proporciones internacionales, con intentos de prohibición y condenas desde los más amplios sectores. Sin embargo, esto es lo que le ocurrió a Las desventuras del joven Werther, novela epistolar de Johann W. Goethe publicada en 1774. A pesar de las protestas, o justamente por eso, la novela se convirtió en un suceso de ventas sobre todo en un público juvenil que podía establecer una inmediata identificación con el protagonista.

Las “reescrituras” cambiando el trágico final por un lieto fine no se hicieron esperar: el Teatro de la Opéra-Comique de Paris, por ejemplo, estrenó en 1792 Charlotte et Werther, drama lírico en un acto con música de Rodolphe Kreutzer —violinista y compositor a quien Beethoven dedicó la sonata que lleva su nombre— en el que un viejo criado desvía el arma a último momento, salvando de la muerte al héroe. Ese mismo teatro fue el que, exactamente un siglo después, rechazó estrenar Werther de Jules Massenet —cuyo libreto se atiene al final original de la novela de Goethe— porque su director, Léon Carvalho, encontró la trama de la obra demasiado triste.

Las últimas reposiciones de esta ópera en nuestro país tuvieron lugar en 2007 en el Teatro Coliseo para la Temporada del Colón y en 2012 en el Teatro Argentino de La Plata. En ambas oportunidades se contó con tenores capaces de afrontar el difícil y extenuante rol protagónico, algo que desafortunadamente no ocurrió esta vez. Primer título operístico del año y primera cancelación: el esperado regreso de Ramón Vargas —que también está anunciado para cantar el Don Carlo verdiano en septiembre— fue cancelado y el rol protagónico quedó a cargo del tenor Mickael Spadaccini, contratado originalmente para el segundo elenco. El tenor belga dio su mejor esfuerzo, sin embargo no alcanzó para hacer creíble y atractivo al personaje. Posee un timbre agradable pero su técnica vocal no parece lo suficientemente sólida para un rol de esta magnitud. Con una línea vocal alejada del refinamiento que el estilo de canto francés requiere, su desempeño fue desparejo y muy inferior a los de Jonathan Boyd y Andeka Gorrotxategui, nuestros últimos Werther.

Mickael Spadaccini (Werther) y Anna Caterina Antonacci (Charlotte) en la escena final de Werther, Teatro Colón, 2015

Como ocurre con otras óperas en las que todo o casi todo depende del rol protagónico —Madama Butterfly, Norma o Elektra son las primeras que vienen a la memoria—, cuando éste no logra generar interés, no hay mucho que hacer. Y esto es lo que sucedió con los excelentes cantantes que rodeaban al tenor, como Anna Caterina Antonacci (otro regreso muy esperado) quien con buenos medios vocales creó una Charlotte doliente, más maternal que pasional, pero con el dramatismo necesario para hacer frente al tercer acto.

Dos roles más secundarios como los de Sophie y Albert, adquirieron en esta oportunidad una relevancia inesperada. Jaquelina Livieri fue una Sophie extraordinaria, tanto por vocalidad como por una interpretación genuina y sin afectación. La soprano argentina entusiasmó en cada una de sus intervenciones a fuerza de un fraseo cuidado, sentido del estilo y timbre esmaltado. Por su parte, Hernán Iturralde nos tiene acostumbrados a la autoridad de su presencia escénica, su versatilidad y entrega en cada rol que encarna. Compuso un Albert frío y distante, casi siniestro —en lugar del bonachón que se suele presentar— haciendo más creíble que Charlotte se arroje a los brazos de Werther. Completaban el elenco Alexander Vassiliev como Bailli, Fernando Grassi como Johann, Santiago Bürgi como Schmidt, Norberto Marcos como Brühlmann y Cecilia Pastawski como Kätchen.

La dupla Ira Levin-Hugo de Ana decepcionó hace pocos meses con una Madama Butterfly con más fallos que aciertos, y en esta oportunidad el resultado fue apenas algo mejor. Levin no logró en esta oportunidad transmitir los colores y emociones de esta extraordinaria partitura y su dirección terminó siendo prolija pero rutinaria. Hugo de Ana, en cambio, resultó más inspirado por la historia del joven suicida que en sus anteriores visitas —La bohème, La forza del destino y Madama Butterfly—, realizó un trabajo visual atractivo y consistente dramáticamente.

Escena del cuarto acto de Werther, Teatro Colón, 2015

Con el recurso de proyecciones el régisseur intercaló fragmentos —muy bien elegidos— de la novela antes de cada acto, que aportaban y completaban el sentido de lo que estaba ocurriendo. El punto más flaco de la dirección escénica de Hugo de Ana es su tendencia a subrayar —a veces demasiado— ciertos elementos de la trama, lo que finalmente lo hace perder efectividad a causa de la redundancia. En esta ocasión la mirada del director enfatizó de distintas maneras la condición de escritor del protagonista, la desolación, el encierro y si bien tendía a lo obvio —las hojas manuscritas esparcidas por el piso y cayendo como nieve llegaban a saturar—, consiguió un planteo visual nunca sorprendente pero sí interesante.

El dispositivo escénico consistía —excepto en el último acto— en un jardín de invierno vidriado que podía simbolizar, por su estructura, una jaula, y se constituía en metáfora del encierro psíquico en el que vive el protagonista, acentuada por una muy efectiva iluminación. El vestuario y la paleta de colores también a cargo de de Ana, fue indudablemente lo más destacable de la puesta escénica, con un extraordinario cuidado en el detalle.

Lo que lamentablemente no consiguió la dupla de directores fue elevar la temperatura del escenario y lograr ese crescendo musical y dramático que culmina en ese dueto desgarrador intercalado por los villancicos navideños cantados por niños a los lejos, que debe erizar la piel al espectador.

Con el excelente desempeño de la Orquesta Estable del Teatro Colón, el Coro de Niños dirigido por César Bustamante y el gran nivel de algunos solistas, pasó un Werther que demuestra que la corrección no es suficiente para que se produzca esa combinación de elementos indispensable que lleva al espectador a involucrarse emocionalmente con lo que está sucediendo arriba del escenario, eso que habitualmente denominamos la “magia” del teatro.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Abril 2015

Clémentine Margaine (Charlotte) y Gustavo López Manzitti (Werther) en el tercer acto de Werther, Teatro Colón, 2015

Complementariedades dramáticas
Por Luciano Marra de la Fuente / editor@tiempodemusica.com.ar

El elenco alternativo que el Teatro Colón presentó para esta nueva producción de Werther fue a la inversa que con respecto al titular: aquí hubo un experimentado cantante en el personaje protagónico que fue rodeado por un destacado grupo de jóvenes cantantes que andan en sus treinta años. El tenor Gustavo López Manzitti personificó al poeta contrariado, en su tercera oportunidad en la Argentina, tras sus buenas actuaciones en 2004 para Buenos Aires Lírica en el Teatro Avenida y en 2012 en el elenco alternativo del Teatro Argentino de La Plata. Más allá de las marcaciones un tanto forzadas por parte del director de escena y de un comienzo un tanto frío en el aria “Ô nature pleine de grâce”, el artista argentino capitalizó su experiencia: fue creciendo de acto en acto en todas sus intervenciones, logrando una performance convincente y vibrante, con su voz bien timbrada y de importante volumen.

A su lado, brilló la joven mezzosoprano francesa Clémentine Margaine por su ímpetu escénico y sus condiciones vocales. Con una voz de timbre cálido, sonoro registro bajo e importante proyección, tuvo dos momentos diferenciados en su composición de Charlotte: en los primeros actos dominó las sutilezas de la partitura, contenida y tímida, en tanto que en los dos últimos mostró, quizá con demasiado volumen, el desborde de la personalidad del personaje afín a sus contradicciones sentimentales. Con López Manzitti, sin dudas, formó una pareja con buena química, consiguiendo que los diálogos/dúos que poseen en cada acto hayan sido de un impacto dramático impresionante.

Tras su aproximación platense en 2012, Oriana Favaro volvió a encarnar a Sophie de manera exquisita, por su desenvolvimiento escénico y su hermosa voz de soprano que se adecuó perfectamente a las bellas melodías de Massenet. El barítono turco Cem Beran Sertkaya personificó fríamente a Albert con buena prestancia escénica y bella voz, en tanto que Iván Maier y Fernando Grassi se complementaron ajustadamente en las intervenciones de Schmitt y Johann, aunque en una vena un tanto exagerada, tal como lo concibió la dirección escénica. Cristián De Marco interpretó a un demasiado joven Alcalde, aunque con buena presencia vocal.

El resultado final fue, más allá de una concepción escénica discutible, una muy buena interpretación musical de Werther con un grupo de intérpretes que logró encontrar el grado emotivo de la dramaturgia de Jules Massenet.

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli
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Publicado el 29/04/2015
     
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