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Butterfly in progress
La sexta ópera de Giacomo Puccini —que el 25 de noviembre vuelve al Teatro Colón— es un caso especial dentro del género: de su fracaso inicial en la Scala de Milán y tras una ardua reelaboración de cuatro años, logró imponerse como una de las óperas más representadas en el mundo. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Amarilli Nizza (Cio-Cio-San) en la entrada del primer acto de Madama Butterfly, producción
de Damiano Michieletto, Teatro Regio de Turín, 2010 / Foto de Ramella&Giannese

Los procesos creativos de los artistas habitualmente resultan un enigma para el público. Lo cierto es que ante una obra acabada se pueden —algunas veces— reconstruir los caminos que se transitaron para llegar a una meta final. Cuando se trata de óperas, uno de los puntos de partida puede ser el descubrimiento de un argumento que ponga en marcha las ideas dramáticas del compositor. Muchos son los que han trabajado codo a codo con los libretistas para lograr un texto acorde a sus necesidades, otros —como Richard Wagner o Ruggero Leoncavallo— han asumido la responsabilidad de escribir sus propios libretos con diversos resultados. Giacomo Puccini, sin dudas, se encuentra entre los primeros.

Si en sus dos primeros proyectos operísticos —Le villi (1884) y Edgar (1889)— descansó en las ideas del periodista, poeta y dramaturgo Ferdinando Fontana —ideas que aún siguen siendo cuestionadas por los más eruditos—, es con Manon Lescaut (1893) cuando el compositor toma las riendas literarias para satisfacer sus tiempos dramáticos y su creatividad musical: el libreto, basado en la novela del Abate Prévost, fue escrito por nada menos que ocho autores, por orden de aparición: el mismo Giulio Ricordi —editor de Puccini—, Leoncavallo, Marco Praga, Domenico Oliva, Luigi Illica, Giuseppe Giacosa, el propio Puccini y Giuseppe Adami —este último agregó, según comenta el biógrafo Ernst Krause, unos versos en la escena de la muerte de la protagonista a pedido del compositor en 1922.

Con las siguientes óperas —La bohème (1896) y Tosca (1900)—, Puccini estaría más confiado en el don teatral de Luigi Illica y la poesía de Giuseppe Giacosa, logrando el teatro musical que buscaba, obteniendo la aprobación del público y de la crítica. Su siguiente ópera, Madama Butterfly, volvería a reunir al mismo equipo pero con un resultado totalmente diferente: el estreno el 17 de febrero de 1904 en la Scala de Milán quedaría como un rotundo fracaso en la historia de la ópera, que se sumaría a los fiascos iniciales de Il barbiere di Siviglia (1816) de Gioacchino Rossini, Norma (1831) de Vincenzo Bellini o La traviata (1853) de Giuseppe Verdi. Es interesante recorrer el camino que va desde la gestación de Madama Butterfly a su estreno y de ahí a identificar la obra que hoy conocemos y que habitualmente se interpreta.

Rechazada, pero feliz

Kristine Opolais (Cio-Cio-San) en el primer acto de Madama Buttefly, producción de
Moshe Leiser y Patrice Caurier, Royal Opera House, 2011 / Fotografia de Mike Hoban

A fines de 1900, Puccini ya había decidido cuál argumento sería la base de su sexta ópera: era el de Madam Butterfly, una obra de teatro del norteamericano David Belasco, quien se había basado en un relato publicado en entregas de John Luther Long. Este drama en un acto lo había visto en una función del Teatro Duke of York de Londres, cuando había estado en junio de ese año para el estreno de Tosca en el Covent Garden, y, más allá de no entender una palabra de inglés, lo había conmovido profundamente, tan así que al finalizar la obra de teatro el compositor había abordado a Belasco para pedirle los derechos para realizar una ópera. “Le dije de inmediato que podía hacer con ella lo que quisiera”, recordaba unos años después el dramaturgo, “¡cómo se puede hablar de negocios con un italiano impulsivo que te abraza con lágrimas en los ojos!”.

El esquema de trabajo del compositor con sus libretistas fue el mismo que en Tosca y La bohème: Puccini elaboró con Illica la estructura dramática, lo que le permitió esbozar sus primeras ideas musicales, y luego Giacosa realizó la versificación de la obra, lista para componer y orquestar. La idea rectora de Puccini en Madama Butterfly era la de estructurar una ópera en dos actos —en lugar de los tres tradicionales— para conservar el drama intimista y psicológico de la obra de Belasco que comienza directamente con su protagonista Cio-Cio-San —“mariposa” en japonés— ya abandonada por Pinkerton y con un hijo.

Tal vez conociendo la lógica operística o buscando el exotismo que le daba una historia ambientada en Japón, Puccini e Illica crearon un primer acto pintoresco donde se lleva a cabo el casamiento, el repudio y el enamoramiento de la joven japonesa. Giacosa cuestionaba la estructura propuesta por Puccini argumentando que los dos actos eran demasiado largos y que el personaje del tenor, el oficial de marina norteamericano Pinkerton, resultaba antipático y sus apariciones estaban desequilibradas dramáticamente. La última palabra siempre la tuvo Puccini: “Si la dejamos en tres actos vamos hacia el fracaso seguro”, escribiría en una de sus cartas al editor.

 

Svetla Vassileva (Cio-Cio-San) junto al coro en la entrada del primer acto de Madama Butterfly, producción de Harold Prince, Lyric Opera de Chicago, 2010 (original de 1982 y vista en el Teatro Colón en 1994) / Fotografía de Dan Rest

En la literatura pucciniana se encuentran diversas razones del fracaso: desde la insuficiente preparación del director de orquesta Cleofonte Campanini y el director de escena Tito Ricordi, hasta una conspiración organizada por sus detractores, encabezada por Edoardo Sonzogno —propietario de la editorial competidora de Ricordi—, pasando incluso por cuestionamientos antimonárquicos —dos semanas antes del estreno, Puccini había dedicado su nueva obra a la Reina Elena de Montenegro, esposa de Vittorio Emanuele III.

Muchas de las críticas de esa noche describen que el público reaccionó ruidosamente, la obra resultó demasiado larga para el gusto contemporáneo —un primer acto de una hora y un segundo acto de noventa minutos— y carecía —como bien señala Alexandra Wilson en su libro El problema Puccini (2007)— de arias fácilmente identificables, la esencia de la ópera italiana para la mayoría de los críticos. Puccini estaba convencido de que había logrado lo que quería, “una nueva forma de ópera”, intimista y efectiva, aunque fuera en contra del público que antes lo había consagrado.

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Publicado el 22/11/2014
     
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