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La Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera en el Teatro Colón : Conversaciones musicales
En el Mozarteum Argentino, la orquesta alemana ofreció un excelente programa bajo la dirección de Mariss Jansons y con la excepcional pianista Mitsuko Uchida. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Mitsuko Uchida, Mariss Jansons y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, Teatro Colón, 2014 / Fotografía de Arnaldo Colombaroli, gentileza Prensa Teatro Colón

ORQUESTA SINFÓNICA DE LA RADIO DE BAVIERA. Dirección: Mariss Jansons. Solista: Mitsuko Uchida, piano. Concierto del viernes 9 de mayo de 2014 en el Teatro Colón, organizado por el Mozarteum Argentino. Beethoven: Concierto para piano y orquesta N° 4 en Sol mayor, Op. 58. Shostakovich: Sinfonía N° 5 en Re menor, Op. 47.

Los acordes solitarios que inician el Concierto N° 4 de Ludwig van Beethoven en las manos de Mitsuko Uchida sonaron de una manera muy especial al inicio de esta segunda propuesta del Mozarteum Argentino para su temporada 2014. La afamada pianista japonesa intentó antes comenzar la obra, pero unas toses le hicieron quitar las manos del teclado, como asustada, sin producir sonido alguno: finalmente reinó un silencio profundo en la sala del Teatro Colón y, con un movimiento sereno en el cuerpo y las manos, hizo surgir en esos cinco primeros compases un sonido pulcro, contenido, lleno de musicalidad. La respuesta de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, dirigida por Mariss Jansons, fue en esa línea, destacando los matices dinámicos del fraseo beethoveniano.

El estudioso Michael Steinberg define a esta obra como “el más suavemente hablado y poético” de los conciertos de Beethoven. En la interpretación de esta noche, un enfoque clásico, medido y contenido, sin perder la fantasía poética, fue el que caracterizó a ese estilo conversacional entre solista y orquesta, encontrando el carácter y el protagonismo que cada uno posee en el fluir discursivo.

En el “Allegro moderato” inicial, la orquesta sonó más extrovertida que la solista, logrando en los puntos de fusión —donde uno le pasa la voz al otro— un grado de sutileza sorprendente: parecía que en esas frases ambos respiraban como un mismo organismo, sin ninguna fisura. Esa ecuación extroversión-intimidad en el “Andante con moto” se fue invirtiendo de a poco con el transcurrir del movimiento lírico: la orquesta con un sonido homogéneo apareció primero tajante frente a un delicado toque del piano, intimista, que fue ganando fuerza y sonoridad con unos hermosos trinos y arpegios, apagando el acompañamiento orquestal.

La frase final del “Andante”, interpretada por Uchida en una dinámica casi imperceptible, introdujo al impetuoso “Rondo” final, en el que la precisión técnica y la contenida expresividad de la solista, más el impulso rítmico y la opulencia sonora de la orquesta, con la participación destacada de algunos de los solistas —el violoncello al comienzo, luego el grupo de maderas—, lograron encontrarle el tono apropiado a cada episodio contrastante que identifica a este movimiento. Una gran ovación hizo que Uchida volviera al piano para interpretar una obra fuera de programa, la “Sarabanda” de la Suite francesa Nº 5 de Johann Sebastian Bach, volviendo a mostrar a la intérprete con una concentración, un toque delicado y un nivel de detalle en los adornos fascinantes.

Mariss Jansons dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, Teatro
Colón, 2014 / Fotografía de Liliana Morsia, gentileza Mozarteum Argentino

La Sinfonía N° 5 de Dimitri Shostakovich fue la obra con la cual finalizó el programa del concierto. Esta sinfonía, estrenada en 1937, es la obra con la cual el compositor —al decir del especialista Richard Taruskin— “ganó su rehabilitación y el regreso del favor oficial” luego del escándalo que obtuvo su segunda ópera, Lady Macbeth del distrito de Mtsensk (1934). El célebre editorial “Caos en lugar de música” en el Pravda aparecido después de que Stalin asistiera en Moscú a la ópera en 1936, denostaba su música, considerándola “neurótica, compulsiva y epiléptica” y que estaba “compuesta para negar a la ópera misma”. En la Sinfonía N° 5, Shostakovich moderó su estilo, eliminando el tono satírico que predominaba hasta entonces muchas de sus composiciones, y optó por un aliento lírico y heroico, más accesible para todos los públicos, pero principalmente para lo que el régimen soviético esperaba de su música.

Mucho se ha escrito sobre la interpretación de esta música abstracta como “respuesta creativa” del compositor después del editorial del Pravda y su desprecio como artista, que en definitiva terminan siendo elucubraciones de un diálogo ficticio entre el pensamiento interior que subyace en los pentagramas (imposibles de constatar) con el poder político totalitario. Lo que atraviesa la música de esta sinfonía, sin dudas, es ese aliento lírico, impactante por su sonoridad orquestal, que en esta actuación de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, bajo la mirada de Mariss Jansons, fue de una maestría absoluta.

En la primera parte del “Moderato”, Jansons dejó que las cuerdas respiraran entre esas frases dramáticas iniciales, enfatizando ciertos silencios y encontrando los contrastes dinámicos perfectos. El arrebato contrastante y animado que le siguió fue el anticipo de la aparición de una marcha que, con un gesto simpático del director, fue tomada en un tono calmo y con un perfecto coral de metales. Enfatizó también los accelerandi y le dio un nerviosismo inquietante que desembocó en el final enigmático, con un impactante glissando de toda la cuerda, más una sonora presencia del violín solista, arpa y celesta.

La combinación de solistas —violín más arpa o flauta más cuerdas, fagot y contrafagot, por ejemplo— y toda la sección de metales nuevamente fue destacada en el segundo movimiento “Allegretto”, en tanto que el siguiente “Largo”, toda la cuerda fue interpretada de manera excepcional encontrando ese carácter sombrío, elegíaco e introspectivo que atraviesa el movimiento, logrando unas dinámicas en pianissimo casi imperceptibles y llegando al clímax de manera contenida, sin exceso de nerviosismo. El “Allegro non troppo” final fue otro momento en donde Jansons le otorgó una impronta personal: luego de la fanfarria inicial hizo un accelerando súbito que le dio al movimiento una velocidad extrema. Los solistas instrumentales se destacaron con firmeza y la agrupación bávara no perdió ensamble ni afinación, realizando contrastes dinámicos perfectos, llegando a un final que fue una verdadera apoteosis sonora.

Aplausos finales para Mariss Jansons y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera,
Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2014 / Fotografía de TdM

Ante el sostenido aplauso del público, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera y Mariss Jansons ofrecieron como bis el cuarto interludio —bastante paródico sobre la fuerza policial— de Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, esa obra que generó ese nuevo estilo en Shostakovich, y que puesta como coda a la Sinfonía N° 5 no pareció tan distante al tono zumbón que le otorgó Jansons, con esos accelerandi extremos, al movimiento final heroico y rimbombante. El situar estas obras en diálogo directo fue una excelente manera para culminar esta segunda propuesta para la actual temporada del Mozarteum Argentino.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2014

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Publicado originalmente el 02/06/14

 
Publicado el 13/06/2014
     
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