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“L’italiana in Algeri” en el Teatro Argentino : Paradojas de la parodia
La ópera de Rossini fue el segundo título de una temporada lírica que hasta ahora no fue anunciada oficialmente por el Teatro Argentino de La Plata. Por Ernesto Castagnino
 

Escena final del primer acto de L'italiana in Algeri, Teatro Argentino de La Plata, 2014

L’ITALIANA IN ALGERI, ópera de Gioacchino Rossini. Función del domingo 11 de mayo de 2014 en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata. Dirección musical: Silvio Viegas. Dirección escénica: Pablo Maritano. Escenografía: Andrea Mercado. Vestuario: Sofía Di Nunzio. Iluminación: Alejandro Le Roux. Elenco: Ricardo Seguel (Mustafá), Mariana Rewerski (Isabella), Santiago Ballerini (Lindoro), Luciano Miotto (Taddeo), Oriana Favaro (Elvira), Rocío Arbizu (Zulma), Juan Pablo Labourdette (Haly). Orquesta y Coro Estables del Teatro Argentino. Director de coro: Hernán Sánchez Arteaga.

Son indudables las dificultades que atraviesa el Teatro Argentino de La Plata en cuanto al presupuesto. Los problemas comenzaron en 2012 cuando el entonces director del teatro, Marcelo Lombardero, no logró finalizar la temporada anunciada y decidió renunciar a su cargo. En 2013 se anunciaron dos títulos, La traviata y El holandés errante, de los cuales sólo pudo concretarse el segundo debido a los conflictos gremiales. En 2014, sin un anuncio oficial de temporada, el teatro repuso El holandés errante del año pasado y ahora anunció esta L’italiana in Algeri pero sin certeza alguna acerca de la continuidad. Resulta doloroso que un teatro en el que apenas dos o tres años atrás asistíamos a producciones originales de Tristán e Isolda, Giulio Cesare o Lady Macbeth de Mtsensk, con sus cuerpos estables funcionando a un alto nivel y el lanzamiento de una revista propia, hoy se encuentre en un estado de cuasi abandono. En medio de este clima desolador se estrenó L’italiana in Algeri de Gioacchino Rossini en una remozada producción de Pablo Maritano, que originalmente realizara para la temporada 2008 de Buenos Aires Lírica.

El planteo de Maritano sigue siendo efectivo e impecable la resolución de las escenas cómicas. Resulta interesante lo que genera hoy la relectura de estas obras del siglo XVIII y XIX impregnadas del gusto y la moda por los ambientes exóticos orientales, las llamadas turqueries. La perspectiva europea sobre el mundo árabe siempre estuvo impregnada de prejuicios y alimentada por historias de rapto o cautiverio de mujeres blancas que conformaron el marco en el que se desarrolló esa mirada civilizada sobre el mundo bárbaro y salvaje. Las dos óperas bufas de Rossini, L’italiana in Algeri (1813) e Il turco in Italia (1814), rinden tributo a esas turqueries parodiando el mundo árabe y convirtiéndolo en motivo de burla.

Como en su puesta de El rapto en el serrallo de 2012, Maritano vuelve a dejarnos con dudas acerca de la perspectiva desde la cual aborda la parodia. En aquel entonces era Osmin devenido en terrorista talibán, en esta oportunidad el bey Mustafá convertido en una suerte de dictador árabe de los años ochentas, las correspondencias planteadas generan algunas dudas: ¿se trata de cosas equivalentes? ¿Nos reímos por igual de la sátira decimonónica sobre los turcos que de un terrorista talibán de hoy? ¿La concepción eurocéntrica que estigmatizaba a lo oriental como salvaje y brutal sería algo a denunciar y superar o seguimos suscribiendo a ella? Tal vez el problema, y lo interesante de la propuesta de Maritano, radica en que al actualizar la época también se restaura esa mirada estigmatizante; excepto que quede suficientemente claro que nos estamos riendo de ella y no reponiéndola acríticamente. En fin, los bordes son a veces borrosos y hacer una parodia de la parodia puede generar estas paradojas.

Santiago Ballerini (Lindoro), Ricardo Seguel (Mustafá) y Luciano Miotto (Taddeo) en el segundo acto de L'italiana in Algeri, Teatro Argentino de La Plata, 2014

La escenografía de Andrea Mercado y el vestuario de Sofía Di Nunzio, completamente renovados para esta reposición, también marcaron un cambio respecto de la época: si en la puesta del 2008 dominaba la estética de los años cuarenta, en esta oportunidad nos trasladamos al mundo visual de los ochentas. En ambos casos el resultado fue igualmente eficaz y cuidado en el detalle.

Mariana Rewerski es una cantante de sobrados méritos y su presencia escénica es indiscutible, pero el rol de Isabella le exigió un manejo de la coloratura rossiniana que indudablemente no es una de sus fortalezas. El centro de la voz tiene densidad y con él llevo adelante un “Per lui che adoro” muy seductor, pero escasearon las agilidades en las aguerridas “Cruda sorte” y “Pensa alla patria”. Su gestualidad se volvió en el transcurrir de la obra cada vez más afectada lo cual restó naturalidad a su actuación. Ricardo Seguel —que había dejado un muy grato recuerdo de sus actuaciones anteriores en el escenario platense (Don Giovanni 2010 e Il viaggio a Reims 2011)— ya había cantado el rol de Mustafá en el Teatro Municipal de Chile en 2009 y volvió a hacerlo en esta oportunidad convirtiéndose en el eje vocal y dramático de la obra. Una vocalidad rossiniana pulcra y ágil, un fraseo bufo nunca forzado ni exagerado, una proyección de alcance suficiente fueron algunos de sus atributos más destacables.

El tenor Santiago Ballerini tiene la tesitura adecuada para el rol de Lindoro y si bien su voz en algunos tramos del registro pierde algo de cuerpo y volumen, su estilo es impecable y logró dar una versión de “Languir per una bella” de calidad. Luciano Miotto abordó el rol de Taddeo con excelentes medios y agilidad rossiniana. Las cualidades actorales de ambos bajos bufos, Seguel y Miotto, hicieron que sus escenas de “Pappataci” y “Kaimakan” fueran los momentos más disfrutables de la velada. Oriana Favaro aportó agudos precisos como Elvira y Rocía Arbizu fue una simpática Zulma. Menos solidez técnica que el resto del equipo vocal mostró el bajo Juan Pablo Labourdette como Haly.

Escena final de L'italiana in Algeri, Teatro Argentino de La Plata, 2014

Silvio Viegas —director también de El holandés errante del año pasado— evidenció afinidad con el estilo y concertó con naturalidad, logrando un sonido ligero y brillante. El mayor desafío en las partituras de Rossini para un director es la articulación y fluidez en los duetos y las escenas de conjunto, lo que en esta oportunidad estuvo verdaderamente logrado. El Coro Estable preparado por Hernán Sánchez Arteaga tuvo una participación de gran nivel, digna de mención.

Una muy disfrutable puesta de tal vez la mejor ópera de Rossini mostró un excelente trabajo de conjunto, una puesta escénica eficaz y un equipo vocal homogéneo; pero también nos permitió comprobar que el Teatro Argentino si bien no está transitando su mejor momento, es capaz de sortear la tormenta.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2014


Imágenes gentileza Teatro Argentino de La Plata / Fotografías de Paula Pérez de Eulate
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Publicado el 23/05/2014
     
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