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“Il barbiere di Siviglia” en el Teatro Colón : Como pompas de jabón
El Teatro Colón ofreció como segundo título de su temporada lírica esta ópera bufa de Gioacchino Rossini, clásica del repertorio, en una versión poco atractiva. Por Ernesto Castagnino
 

Mario Cassi (Fígaro), Patricia González (Berta), Marco Spotti (Don Basilio), Marina Comparato (Rosina), Carlo Lepore (Don Bartolo) y Juan Francisco Gatell (Conde de Almaviva) en el primer acto
de Il barbiere di Siviglia, Teatro Colón, 2014

IL BARBIERE DI SIVIGLIA, ópera de Gioacchino Rossini. Nueva producción escénica. Función del domingo 4 de mayo de 2014 en el Teatro Colón. Dirección musical: Miguel Ángel Gómez Martínez. Dirección escénica y coreografía: Mauricio Wainrot. Escenografía y vestuario: Graciela Galán. Iluminación y proyecciones: Jorge Pastorino. Elenco: Mario Cassi (Fígaro), Carlo Lepore (Don Bartolo), Marina Comparato (Rosina), Juan Francisco Gatell (Conde de Almaviva), Marco Spotti (Don Basilio), Patricia González (Berta), Fernando Grassi (Fiorello), Cristian De Marco (Sargento), Daniel Wendler (Ambrogio/Notario). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director de coro: Miguel Martínez.

Cualquier banda de rock o pop sabe que por más ganas que tenga de presentar el nuevo disco y sus temas inéditos, el público delirará cuando ineludiblemente toquen esa vieja canción que se transformó en clásico. Esa misma inercia a lo conocido existe en el público de ópera: las llamadas “óperas populares” son ansiosamente esperadas y su ausencia en una temporada es objeto de las más duras críticas por parte de la porción más conservadora de los aficionados al género. Lo interesante es que a pesar de la popularidad de un título, la interpretación musical y la puesta escénica es —a veces— nueva y abre al público nuevas facetas y aristas de una obra conocida.

Escasa novedad trajo la puesta escénica de Mauricio Wainrot en su primera experiencia como régisseur de ópera en Il barbiere di Siviglia de Gioacchino Rossini. El conocido coreógrafo perdió la oportunidad de tomar algún riesgo y se quedó en su zona de confort haciendo lo que se esperaba de él: muchas coreografías. Aunque el problema no fue la cantidad de ellas sino el escaso aporte que los cuadros flamenquizantes aportaban a la puesta escénica tanto desde el punto de vista visual como dramático. La escenografía y el vestuario diseñados por Graciela Galán reforzaron el planteo naif a partir de colores plenos, vestidos de volados y muchos, pero muchos lunares. La presencia de las esferas, burbujas y pompones en todas sus formas y colores fue el sello distintivo de la puesta haciendo referencia —imagino— a lo burbujeante como metáfora de la comicidad.

La dirección musical del voluntarioso Miguel Ángel Gómez Martínez —quien remplazó al anunciado Frédéric Chaslin— consiguió un sonido rossiniano aceptable, pero no tuvo la agilidad y el brío necesarios para impedir que el tedio avanzara implacable también desde el foso, haciendo de esta producción algo desafortunadamente olvidable. Una considerable cantidad de desajustes entre cantantes y orquesta, escasos contrastes entre las escenas sentimentales y las cómicas, y poca flexibilidad rítmica fueron los principales fallos imputables al podio. La Orquesta y el Coro Estables —éste último en su sección masculina— tuvieron un desempeño prolijo en una partitura que conocen a la perfección.

El barítono Mario Cassi —quien remplazó al anunciado Changyong Liao— fue nuevamente Figaro en el escenario del Teatro Colón (recordemos que interpretó dicho rol en I due Figaro de Mercadante en 2012). La emisión no resultó todo lo brillante que el saltarín barbero necesita y su interpretación de los recitativos no sobrepasó la corrección.

Escena final de Il barbiere di Siviglia, Teatro Colón, 2014

Marina Comparato es una mezzosoprano con buen volumen y suficiente presencia escénica, pero su musicalidad sería mejor apreciada en otros roles ya que el timbre resultaba demasiado maduro para la joven Rosina. Su abordaje de la coloratura fue eficaz aunque sus notas tendieron a la estridencia en el extremo agudo. El tenor Juan Francisco Gatell como el Conde de Almaviva, tuvo una actuación vocal destacada, y si bien su aria de inicio “Ecco ridente in cielo” mostró alguna tirantez, con el correr de la velada su voz se fue afirmando y llegó a la usualmente omitida aria final “Cessa di più resistere” con la plenitud de sus medios.

Lo más destacable del equipo vocal llegó con los dos excelentes bajos Carlo Lepore y Marco Spotti, que interpretaron a Don Bartolo y Don Basilio respectivamente. El primero tuvo la agilidad y dosis justa de comicidad para llevar adelante el rol del anciano burlado con un cuidado fraseo en los recitativos. Spotti posee una voz de bajo profunda y cavernosa ideal para el siniestro personaje de Don Basilio y su aria “La calunnia” fue un momento musicalmente impecable.

Si bien para quienes se acercaron por primera vez al popular barbero rossiniano esta producción pudo introducirlos en algunos de sus atractivos, para quienes esperaban un poco de sorpresa, esta oportunidad dejó muy poco que recordar, como las efímeras pompas de jabón que propuso como sello identitario.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2014


Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Máximo Parpagnoli
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Publicado el 12/05/2014
     
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